En el proceso educativo se involucran los padres, niños y docentes, mantener un proceso armónico para el aprendizaje divertido depende de los tres entes.
“Al educar todo maestro o padre puede dejar huellas o dejar cicatrices en sus niños. Las huellas son esos momentos de amor, de aprendizaje y de crecimiento que quedan en la memoria de la persona para toda la vida, cuando se es tratado con respeto, dulzura y comprensión, cuando se le hace florecer lo mejor de sí mismo, se le acepta y valora sus debilidades y capacidades. Por el contrario las cicatrices son señales de daño, de dolor, de emociones que bajan la autoestima del niño, al ser despreciado, criticado, humillado o gritado. Cicatrices que pueden evitarse al educar con amor y más paciencia”, explica la docente Karla Antúnez.

