“No” es una palabra cargada de poder, rápida y fácil de decir. Quizá en casa tanto usted como sus hijos la usan cotidianamente. Pero tanta repetición hace que esta palabra pierda su fuerza y a la final ¿Qué se logra? Rebeldía, rechazo en el niño y costumbre a la palabra.
“Cuando en nuestro vocabulario se hace uso constante del NO somos más propensos a que los niños nos desobedezcan. A lo largo de mi trayectoria he visto cambios favorables cuando dejamos de usar el lenguaje negativo e instauramos el positivo. Que diferente se escucha «No corras» a «Ve más despacio» y lo mejor es que obtenemos el resultado que deseábamos”, explicó a Pitoquito la psicóloga Marta Stocco.
Sin utilizar el no, los niños entenderán mucho mejor el porqué de las normas, serán más responsables de sus actos y sus consecuencias. Además, actuarán de forma más autónoma y, por supuesto, tendrán una mejor autoestima. Así, evitaremos berrinches y enfados sin sentido.
Destaca la especialista que la diferencia es que al decir las normas en lenguaje positivo, pareciera que se hiciera a manera de reflexión y no de prohibición y el resultado es mucho más satisfactorio.
Lo más importante es marcar esos límites no con un no, sino de una forma positiva y constructiva para que el niño entienda las consecuencias que ciertas acciones pueden ocasionarles y brindarles alternativas que le permitan satisfacer su necesidad de forma sana.
“Hagamos un ejercicio los invito desde hoy a contar las veces que dices NO en día”, citó la psicóloga.
