El juego es la actividad por excelencia de la infancia. A través de él, los niños y niñas se relacionan con el mundo que les rodea y adquieren los conocimientos que les permitirán adaptarse a su entorno
El juego se convierte en un comportamiento natural, cotidiano y frecuente. Es la manera que tienen los niños de relacionarse con su mundo.
Mediante el juego los niños amplían su conocimiento del mundo físico, se ejercitan en el uso y la práctica de las relaciones sociales, y desarrollan estrategias de cooperación y comunicación con sus iguales o con los adultos que de una manera u otra interaccionan con ellos en situaciones de juego.
“El juego tiene la función primordial de generar un aprendizaje significativo. A través de él, el niño aprende a conocer su entorno, a conocerse a sí mismo, asimila, interpreta y responde a los estímulos sensoriales provenientes de su ambiente, conoce y aplica normas o códigos sociales, manipula, construye y procesa sus emociones a través de la experiencia”, precisó a PITOQUITO la psicóloga Vanessa Muñoz.
Las funciones del juego
El juego es un medio de comunicación, y a través de él, los niños se expresan y realizan sus deseos.
Sirve de escape y con él, los pequeños descargan sus deseos y emociones tanto positivas como negativas, con lo que se convierte en un catalizador emocional, ayudando a mantener un correcto equilibrio.
Es un gran disparador creativo, potenciando la imaginación de los pequeños.
Desarrolla la capacidad de reflexión y maduración de las ideas.
Prepara para la vida adulta, ya que hay mucho de imitación en él.
Satisface las necesidades básicas del movimiento y ejercicio físico que tienen los niños y, con ello, favorece su desarrollo motor.
Jugando, los niños estimulan y adquieren un mayor desarrollo en las diferentes áreas de los ámbitos cognitivo y afectivo social.
Es un gran instrumento socializador ya que proporciona muchas ocasiones de interacción con iguales, trabajando, con ello, las habilidades sociales, ya que con el juego el niño/a tiene que regirse a través de unas reglas, de este modo, va a asimilando el concepto de normas y reglas que la sociedad a lo largo de su vida.
¿Cómo fomentar el proceso de socialización?
El juego sinónimo de diversión, por lo cual los pequeños de la casa se sienten libres para dejar fluir su creatividad e imaginación, alentando el pensamiento flexible, innovador y único. Así mismo tiene un gran componente social, a través de los juegos pueden aprender a compartir, a tolerar y a respetar a los demás, les enseña cómo interactuar con sus pares y se asientan las primeras amistades.
Para que el proceso de socialización se produzca de manera correcta, debemos proporcionar a los pequeños actividades lúdicas en las que se potencie la comunicación entre ellos, mejor aún si esta se produce de modo grupal.
El hecho de que haya actividades en grupo también les facilitará el paso del juego simbólico, un tipo de juego individual y espontáneo cuya finalidad es proporcionar al niño un medio de expresión que le va a permitir resolver conflictos que se plantean en el mundo de los adultos (suelen imitar a los mayores dando a diversos objetos de la vida cotidiana finalidades que no son las propias, por ejemplo una cuchara puede ser una espada).