Cuando florece el lenguaje en los niños se convierte en una poderosa herramienta, y con ella vienen las preguntas, que les sirven para seguir conociendo el mundo. Como aún no asimilan la realidad de un modo directo, necesitan intermediarios, unos guías.
La avalancha de preguntas es tal que puede poner a prueba la paciencia de los adultos. Por eso, siempre es bueno recordar que se trata de una fase normal y tener presente nuestra responsabilidad como padres.
Las preguntas de los niños pueden ser disparatadas, absurdas, innumerables, agobiantes… pero eso no autoriza a menospreciarlas, ignorarlas o ridiculizarlas. Se ha demostrado que los adultos más espontáneos y creativos son aquellos cuyas familias, de pequeños, fomentaban una expresión abierta y sin trabas y aceptaba las manifestaciones de los niños.
Explica la psicopedagoga Tibisay Ríos que para los padres y mucho más para los que trabajan, podrían sentir que sus hijos les quitan tiempo para hacer sus obligaciones enfrentar la edad de curiosidad de sus hijos no es tarea fácil.
“Es entonces donde papá y mamá deben armarse de paciencia para comprender que en nuestros hijos estas ansias de aprender es de donde parten sus conocimientos, es un proceso donde primero está la observación, luego de querer tocarlo todo y luego preguntar, es donde los padres con mucha paciencia y amor deben ingeniosamente proporcionar respuestas acorde a su edad sin responder más de lo que desean saber, es decir no excedernos en la información”.
No se deben extrañarnar que haga la misma pregunta varias veces. A los niños les gusta la repetición, que sus certezas se confirmen una y otra vez. También les gusta lo predecible, reafirmar que a tal pregunta le corresponde siempre tal respuesta. No hay que extrañarse ni enfadarse.
Continuó explicando la especialista que “también debemos aplicar nuestra capacidad de discernimiento en hacerles entender que no todos los sitios y momentos son para que les podamos responder, utilizando frases o palabras suaves o cómodas para todos, sin ridiculizarlos. Debemos más bien reforzar que deseen aprender sobre lo q pasa a su alrededor y que todo tiene un por qué”.
Entonces es permitido decir: “Espera a que acabe con esto y después te contesto a todas las preguntas”, y también: “Bueno, unas preguntas más y lo dejamos para mañana”. Lo importante es dejar abierta la línea de comunicación y no transmitirle que sus preguntas nos desagradan.
