Pitoquito y sus amigos están felices porque los maestros celebran su día. Hombres y mujeres que día a día ayudan a la formación integral de los niños y jóvenes del mundo.
Para exaltar la importante labor, tus personajes de aprendizaje y venturas conversaron con el profesor Antonio Pérez Esclarin (@pezclarin), quien realiza una salutación a los maestros.
Celebrar el Día del Maestro nos brinda una oportunidad única para valorarlos como se merecen y para agradecerles su entrega y compromiso. Conseguir un buen maestro o una buena maestra es la mejor lotería que a uno le puede tocar en la vida. Un maestro o una maestra cercanos, cariñosos, pueden suponer la diferencia entre un pupitre vacío o un pupitre ocupado, entre un delincuente o un joven responsable y bueno.
Conozco numerosos maestros, sobre todo maestras, que llevan una vida verdaderamente heroica. Se levantan a las cuatro y media de la mañana a dejar listo el almuerzo para la familia; luego, preparan el desayuno y alistan a los hijos para la escuela; salen corriendo a agarrar un carrito para llegar a su centro educativo antes de las siete; trabajan cinco horas atendiendo a un grupo numeroso de alumnos cada vez más indisciplinados y desatentos, con frecuencia en escuelas y aulas destartaladas; comen rápidamente algo y vuelven a agarrar un carrito para ir a la otra escuela donde trabajarán otras cinco horas, en condiciones semejantes. En la casa, se deben robar unas horas al descanso para corregir tareas, planificar la jornada del día siguiente, o responder a las exigencias siempre crecientes de la burocracia educativa, tal vez mientras lavan la ropa, los platos, o limpian la casa. Por si fuera poco, muchas de ellas estudian también los fines de semana. Y a pesar de ello, son numerosas las que siguen dando lo mejor, entregadas por completo a sus alumnos, sin resignarse a perder la ilusión y el compromiso.
Es hora de que tratemos a maestros y maestras de acuerdo
a la importancia de su labor.