Hemos dicho y escuchado muchas veces la frase a mamá no se le pega a lo largo de la infancia de nuestros niños sobre todo cuando tiene 2 a 3 años de edad, cuando aparecen las famosas pataletas, y aunque es una conducta muy común en la infancia no puede pasar por inadvertida, cuando los niños van agregando a su repertorio de conductas, comportamientos que van agrediendo a su entorno, especialmente a su grupo de familiar primario y escolar. Entonces hablamos de niños que crecen e insultan a sus padres y los controlan, en la adolescencia se puede presentar la agresión física hacia ellos, especialmente hacia la madre. Esta conducta muchas veces se oculta por vergüenza y sentimiento de culpa, lo que le da más fuerza a la agresión y llega un momento que se vuelve visible para los otros.
Un estudio realizado recientemente por la Unión Europea, señala que en los Estados Unidos y España, al menos el 10% de las familias estudiadas sufren de violencia intrafamiliar, donde los agresores son adolescentes varores y las victimas sus madres, además no se encontró relación entre nivel socioeconómico ni modelos familiares. Según estudios reciente, estos comportamientos se repiten en familias monoparentales, donde no existe la figura paterna, y es la madre quien recibe las agresiones físicas.
Actualmente la bibliografía lo reseña con “El Síndrome del Emperador” o “Niños Tiranos”. Son niños que han crecido sin límites ni normas, con elevada insensibilidad emocional, con dificultad para percibir las emociones, que no han aprendido a respetar la autoridad ni las pautas educativas, con metas egocéntricas y dificultad para trabajar en equipo y cooperar, con baja empatía, ausencia de apego, con comportamientos desafiantes, mentiras recurrentes y actos crueles donde se ven afectados en su mayoría hermanos menores, ancianos y animales.
Es importante que los padres puedan revisar el estilo de crianza que le están ofreciendo a sus hijos, ya que factores como la sobreprotección, escasez de tiempo para los niños, ausencia de autoridad, permisividad, muestras de afecto, calidez, pueden incentivar al desarrollo de conductas agresivas y de oposición contra los padres, aunado a esto, algunos autores refieren que la predisposición genética del carácter también podría influir. Otro de los factores es necesario estar atentos, es de los mensajes enviados desde los programas de televisión, donde muchas veces los niños encuentran modelos tiranos cuyas conductas y metas van en sintonía con lo que ellos desean, que muchas veces es vivir sin reglas y hacer lo que quieren sin obstáculos.
Entre las características principales de estos niños, se puede añadir, que son niños tristes, que se enojan con facilidad, vulnerables a los estados de ánimo, poco tolerantes, que se frustran, expresan rabietas, insultos con frecuencia, tienen dificultad para resolver problemas, egocéntricos, con autoestima baja, exigentes con los demás sobre sus propias necesidades, carecen de empatía, desafiantes, no asumen responsabilidades, se les dificulta seguir normas y respetar a las figuras de autoridad y las normas sociales establecidas. Estas características suelen presentarse entre los 6 y 11 años de edad en niños que luego son diagnosticados con el Síndrome de Emperador, que tiene correspondencia al Trastorno Oposicionista Desafiante y más tarde (si no se trata) podría convertirse en un adulto antisocial.
Estos niños necesitan un tratamiento psicoeducativo, donde se tenga la colaboración de la familia, especialmente de la madre, quien con frecuencia es la principal víctima de estos tipos de conductas.
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