Si necesitas hablarles a tus hijos y buscar su atención la clave está en las formas de dirigirte a ellos. Un diálogo es una cosa y un sermón, otra muy diferente. El primero se da entre dos o más personas. Mientras que el segundo, tiene algunas características particulares: es más que nada un monólogo, es dar más información de la necesaria, palabras que salen sin filtro, y en ese contexto resulta difícil ser escuchado y escuchar
“¡Los sermones no le gustan a nadie! Si no quieres que tu hijo te voltee los ojos (como posiblemente tú lo hiciste con tus papás) es el momento de dejar de sermonear, porque si lo haces, lo vas a aburrir y el mensaje no va a llegar. Es hora de escuchar, escucha la experiencia de tu hijo, sus aprendizajes al respecto, guárdate lo más que puedas, tus prejuicios y te cuento, que hasta los consejos, porque sólo si son pedidos, serán recibidos.”, precisó Ari Antúnez especialista en el desarrollo del potencial humano.
Hay varias estrategias que funcionan a la hora de dialogar. No es necesario irrumpir de violentamente o invadiendo sus espacios, podemos esperar el momento adecuado, acercarnos y aprovechar algún rato tranquilo y con buen clima para sacar el tema.
“Tus hijos te escuchan desde que estaban en el vientre, posiblemente ya sepa lo que opinas respecto a cada tema… Ya no seas un disco rayado, recuerda: escucha, así compruebas de su propia boca, qué tal está ese desarrollo moral, así podrás enterarte de lo que le pasa, de lo que piensa, ganarte la confianza y cuando requieras intervenir para guiar como papá, que sea siendo empático, con pocas palabras, sin juzgar ni gritar, mejor poniéndote en su lugar, mensajes que inviten al darse cuenta, a la reflexión. Deja la mala actitud, porque para que tu hijo te escuche, es necesario que hables, para que él quiera escucharte”, explicó Antúnez a Pitoquito.
Si tu intención es corregir a tus hijos es importante que tomes en cuenta claves para mejorar la comunicación con ellos:
Antes de sermonear, pregunta: ¿qué ocurrió? ¿Olvidaste las instrucciones? ¿Tienes alguna buena explicación? Esto dará la pauta para que al menos puedas escuchar y meditar previo a reprender.
Observa. Tus hijos aprenden y reaccionan de distintas formas según sus temores, emociones, nivel de energía y ello puede llevarles a responder de formas que a ti pueden parecerte desobediencia o rebeldía. Si aprendes a observar su comportamiento podrás ser más sensible a porqué se comportan como lo hacen.
Reprende sin ira. Uno de los más grandes errores es reprender, castigar con enojo. Hablar desmedidamente, gritar son solo muestras de tu debilidad y falta de control.
Serénate. Mantén el control y habla templadamente. Explica a tus hijos lo que esperas de ellos y asegúrate que lo comprendan mejor. Trata de dar instrucciones claras.
Recuerda que si estas enseñando y disciplinando a tu hijo, debes hacerlo con amor. Tus palabras, frases y ademanes deben transmitir amor. Si tu pequeño comprende que lo que deseas es para su bien, para que sea una mejor persona y no un simple regaño, lo absorberá con mayor facilidad y los resultados serán positivos.
