Pitoquito

El brillante General Rafael Urdaneta

Rafael José Urdaneta Barrenechea y Ribeiro de Faría nació en Maracaibo el 24 de octubre de 1788 y murió en París (Francia) el 23 de agosto de 1845. Militar, estadista y escritor.

Su Zulia natal le consagró múltiples reconocimientos: un Museo Histórico, el Puente sobre el Lago de Maracaibo, un parque, un municipio y varias parroquias, una Universidad, numerosas biografías, ensayos y estudios, y sobre todo considerarlo uno de los símbolos fundamentales de la zulianidad, con Rafael María Baralt y la Virgen de la Chiquinquirá.

 

¿Por qué?

Fue una de las grandes figuras de la Independencia de Venezuela y la Nueva Granada por sus apreciables cualidades en la estrategia militar y por haber asumido la función de estadista en la época difícil, postrera y decisiva de la Gran Colombia; fue considerado como el más fiel de los oficiales del Libertador en opinión expresada por el mismo Simón Bolívar.

 

Su vida

Nacido en el hogar de Miguel Gerónimo de Urdaneta Berrenechea y Troconis y María Alejandrina Faría y Jiménez Cedeño de Cisneros, vivió su niñez en El Carmelo, población del hoy municipio La Cañada de Urdaneta.

 

En su juventud estudió latinidad en Caracas y filosofía en Maracaibo, hasta que se trasladó a vivir en Bogotá donde prosiguió sus estudios. Tras el movimiento revolucionario del 20 de julio de 1810 se inscribió en el Batallón Patriotas de Cundinamarca, con el cual asistió a las batallas de Palacé, San Gil, Charalá, Ventaquemada y Bogotá, que le hicieron ganar el título de teniente coronel en 1812.

 

Al organizar el brigadier Simón Bolívar la llamada Campaña Admirable fue uno de sus más eficaces lugartenientes, concretado en una frase simbólica: «Si dos hombres bastan para libertar la Patria, pronto estoy a acompañar a usted». Austero, disciplinado, desprendido y abnegado, fue el soldado fiel al jefe supremo, como jefe del Batallón No. 5, con el cual triunfó en Niquitao, las Sabanas de Pegones, Taguanes, Valencia, Bárbula, Las Trincheras, que le valieron la designación como comandante general de occidente.

 

Triunfador en las batallas de Araure, Baraguas y Ospino, hizo de Barquisimeto su centro de operaciones, pero debió retirarse hasta Valencia, donde soportó el terrible sitio que hizo exclamar al Libertador «el mayor general Urdaneta, el más constante y sereno oficial del ejército».

 

Acompañó al Libertador en la primera batalla de Carabobo y más tarde, mientras el Libertador emigraba a oriente, Urdaneta emprendió la famosa retirada a occidente, desde tierras larenses hasta Cúcuta, con la cual salvó parte del ejército de Caracas. En Nueva Granada intensificó sus campañas militares, con la ayuda del Libertador, quien lo ascendió a general en 1815.

 

Urdaneta ha sido considerado como el militar-civilista, el político sin arrebatos ni pretensiones excluyentes, con un alto sentido justiciero, un pulcro equilibrio personal y un gran espíritu de desprendimiento; uno de los pocos que entendió el inmenso contenido doctrinario y la grandeza civilista de Simón Bolívar, por lo cual le dio su respaldo fiel, útil y oportuno.

 

Fue un auténtico estadista y un gran estratega militar, que dejó su pensamiento escrito en sus Apuntamientos, por lo cual es una guía permanente, ejemplo vivo y lección elocuente, fresca del mensaje nacionalista. Sus restos mortales descansan en el Panteón Nacional al lado del Libertador.

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