La maestra indígena Silvia Luz Escobar Mincami recurrió a las adivinanzas tradicionales nomatsigenga y a grabaciones de audio para animar a sus alumnos a expresarse en su lengua y fortalecer su identidad cultural en Cubantia, en la Amazonía peruana. La experiencia con 18 estudiantes de primaria dio lugar a una investigación de maestría y al libro Agoke komëtagantsi. Adivinanzas y podcast como expresión oral nomatsigenga, publicado en julio de 2026.
Tradición oral y aprendizaje
Al iniciar el año escolar de 2023, Escobar encontró que varios estudiantes de cuarto grado evitaban hablar en clase, incluso en nomatsigenga. La docente relacionó esa dificultad con su propia experiencia escolar, cuando temía expresarse porque sus profesores no enseñaban en esa lengua. Por eso puso en marcha Agoke Komëtagantsi, que significa “Aprendemos adivinanzas”.
Antes de grabar, los niños conversaron con personas mayores de la comunidad sobre las komëtagantsi y cómo se transmiten. Las adivinanzas reúnen conocimientos sobre animales, plantas y el bosque: para formularlas, explicaron los sabios, hay que observar los hábitos de las especies, su alimentación y los rastros que dejan.

Los alumnos escribieron sus propias adivinanzas, las ensayaron y grabaron con un teléfono. Al comienzo, solo cinco aceptaron poner su voz. La primera emisión salió el 26 de agosto de 2023, a las cuatro de la mañana, por el megáfono comunal, usado también para avisos y convocatorias.
Una lengua y los cambios en el entorno
La Base de Datos Oficial de Pueblos Indígenas u Originarios registra 5.271 personas que se identifican como nomatsigenga. El censo peruano de 2017 contabilizó 3.895 personas que aprendieron esa lengua en la infancia. El Ministerio de Cultura la clasifica como vital; aun así, 21 de las 48 lenguas indígenas u originarias reconocidas en Perú están en peligro, en serio peligro o en estado crítico, según la política nacional sobre lenguas.
Escobar sostiene que los cambios en Cubantia hacen importante conservar los saberes sobre el bosque. Según su relato, el arriendo de terrenos para cultivos de piña, yuca y plátano habría contribuido a la pérdida de más de 60 hectáreas de bosque; también afirma que el uso de fertilizantes afecta las aguas. En la escuela, sus alumnos participan en siembras y actividades sobre cultivos y plantas medicinales.





