Luis Contreras recuerda el incendio del bus 8B-06, que dejó 18 muertos en 2006. Dos décadas después, insiste en que viajar seguro sigue sin estar garantizado.
Ciudad de Panamá, Panamá. Este 23 de octubre se cumplen 20 años del incendio del bus 8B-06, de la ruta Mano de Piedra–Corredor Norte, en la avenida Martín Sosa, en La Cresta. La tragedia dejó 18 muertos, entre ellos dos niños, y 26 sobrevivientes con lesiones y secuelas emocionales que aún cargan parte de las víctimas.
Entre ellas está Luis Contreras, quien ha contado su experiencia en un testimonio grabado por Aminta Bustamante. Dice que sobrevivir lo obligó a rehacer su vida, enfrentar procesos médicos complejos y sostener por años una búsqueda de reparación.
Un viaje que terminó en incendio y discapacidad
Contreras recuerda que aquel lunes de 2006 salió a comprar un dulce para el cumpleaños de su esposa y terminó dentro de un autobús en llamas. Afirma que sufrió quemaduras en el 68% del cuerpo y que debió someterse a intervenciones quirúrgicas en Estados Unidos, además de seguir un proceso de recuperación que cambió su rutina por completo.
En su relato también aparece el costo social del accidente: el deterioro físico, la pérdida de estabilidad y la necesidad de recurrir a abogados y tribunales fuera de Panamá para insistir en su reclamo. “Para mí estos 20 años me han servido como experiencia”, dijo al repasar lo vivido.
Sobre lo que ocurría entonces en el transporte público, Contreras sostiene que ya existía un sistema “desfasado” y que las autoridades no actuaron a tiempo. “Estábamos secuestrados por un transporte público ya desfasado en donde las autoridades no hacían nada. No se hizo nada en su momento”, expresó.
La modernización prometida y las quejas que persisten
El autobús 8B-06 formaba parte de una flota recién renovada dentro de un plan de modernización del transporte público impulsado durante el gobierno de Mireya Moscoso. Según el relato recogido, el Banco Nacional dispuso un fondo de 30 millones de dólares para la adquisición de buses nuevos y desembolsó 24 millones para financiar a los transportistas, entre ellos el vehículo siniestrado.
Después del incendio, se abrió una investigación por el accidente y por presuntos delitos de corrupción. También fue investigado el entonces gerente del Banco Nacional, Bolívar Pariente, según lo señalado en el material recopilado.
Contreras compara ese pasado con el presente y afirma que el servicio actual tampoco responde a las necesidades de los pasajeros. Dice que todavía hay unidades con filtraciones cuando llueve, zonas sin cobertura de metrobús y usuarios obligados a gastar más para movilizarse. También cuestiona la permanencia de los llamados buses piratas y los cobros que, según su testimonio, aumentan después de cierta hora.
“Ya uno va todo incómodo, o sea, ya se requiere de más regularidad en el transporte público”, afirmó. Y agregó que en sectores del norte y este de la capital, entre ellos Tocumen, persisten problemas para trasladarse de noche.
Su balance de estas dos décadas no se limita al recuerdo del incendio. Es, sobre todo, una denuncia sobre el derecho a viajar con seguridad. “En realidad, lo que estamos perdiendo en estas cuestiones somos los usuarios, las personas que tenemos que coger bus a diario”, dijo.
Los reclamos por reparación siguen abiertos
Al recordar lo ocurrido después del incendio, Contreras sostiene que las demandas presentadas en Panamá no prosperaron y que el Estado rechazó asumir responsabilidad porque el autobús era privado. Cuenta que, con apoyo de abogados, llevaron el caso a Estados Unidos.
En ese proceso, afirma que obtuvieron una decisión favorable. “Con los mismos documentos que peleamos aquí en Panamá, en la Corte Suprema, ganamos en Estados Unidos. Qué irónico, ¿no?”, manifestó. De acuerdo con su testimonio, 11 de las 14 familias que demandaron en ese país recibieron una indemnización.
En su caso, la reparación jurídica no borró las secuelas del incendio ni las dudas sobre la respuesta institucional. Para Contreras, la tragedia del 8B-06 sigue siendo una advertencia sobre lo que ocurre cuando el transporte público falla y el Estado no garantiza un servicio seguro y digno.
Aminta Bustamante registra el testimonio de Luis Contreras, sobreviviente.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.