“¡Ay, papá!” celebraron voceros del antichavismo cuando Trump dijo, refiriéndose a Venezuela, que todas las opciones estaban sobre la mesa, incluyendo la militar. Por las redes, frente a los micrófonos, en cualquier tarima llevan años pidiendo una intervención internacional para nuestro país. Peones de una guerra que nos quieren imponer, cipayos que anticipan la destrucción de su país y salivan al imaginar a los marines pisoteando nuestra tierra, bañándola de sangre y uranio empobrecido. “Como a Gadafi” han expresado, en voz alta y sin una pizca de vergüenza, sus deseos para Chávez, entonces y hoy para Maduro.
Durante años han soñado con el día de la venganza. Por las redes han descrito lo que harían a todo el que alguna vez apoyó al chavismo. Tienen hasta un psicólogo tuitero que hace proclamas de exterminio total en nombre de la arrechera. Hay gente que le da retuit, esperando que llegue el día de ir a buscar a su vecino. “¿Dónde te vas a meter?”
Sociópatas entrenados en Paracolandia son paseados por ese club del saqueo que llaman “la comunidad internacional, primero como presos políticos y luego, como adalides de los derechos humanos. ¡Fuego, fuego, fuego! Y son defensores de la democracia los que sabotean elecciones, los que se abstienen, los que desconocen los resultados y prometen traer las pruebas mañana.
“La testigo Betzy no se presentó”. Y son valientes patriotas la sifrinas que pagaron el lobby, una para mostrarle las rodillas al genocida George W. Bush, y la otra para pelarle el diente a Donald Trump a ver si embrujados por sus encantos nos invaden de una vez. “¡Fuerza es fuerza!” y “¡Fuerza y fe!”
