El pueblo de Venezuela es demócrata. No los enseña con su esfuerzo, dedicación y coraje. De acuerdo a lo establecido en la Constitución de la Republica aprobada en el año 99, escogimos nuevo parlamento nacional. Esto debe respetarse y no descalificarse.
Desconocerlo e insistir en los errores de violencia tendrá seguramente el rechazo de los venezolanos de bien. Algunos, todavía enceguecidos, en que la invasión norteamericana va a ponerlos en el poder y en negar la participación, sin considerar la voluntad de expresarse que ha caracterizado a nuestros connacionales. El proceso se dio con normalidad más allá de los llamados a la abstención y ante la presencia de organizaciones y líderes sociales internacionales de diversas corrientes políticas de cinco continentes.
Elegimos diputados a una Asamblea Nacional que va a tener una gran responsabilidad en un momento histórico trascendente para los venezolanos. Es una oportunidad y un compromiso de todos. Debemos salir del Estado de guerra a la convivencia, a la diatriba política constructiva, al manejo de diferencias y fuerza del consenso.
Las circunstancias nos obligan a un esfuerzo mucho más orgánico y coherente hacia la eficacia, la eficiencia y la entrega absoluta a dar solución al sufrimiento de nuestra gente. Es la acción de gobierno conjunta con el poder popular, dejando de lado esa locura de mezquindad y egoísmo, pidiendo sanciones contra Venezuela, cuyas restricciones las padece es el ciudadano nuestro.