El objetivo es mantener a la población ocupada en la solución de sus problemas de subsistencia (…) Haciendo cola para cobrar pensión y lograr mejor precio en los alimentos.
Semana de rumores y golpes de estado. Zarandeada y maltratada la opinión pública, que recibe los mensajes y crecen sus deseos y aspiraciones; por ratos reprimidos. Los reportes e informes diseminados sobre movimientos en los cuarteles aumentan la ansiedad. Pero lo que realmente mueve el piso y se le da todo crédito es la reunión de funcionarios estadounidenses con militares venezolanos.
“Esto como que va en serio”, decía un amigo. Mucha gente pegada a los celulares. Las redes revientan y miles de personas son receptores de estas noticias siempre frescas y de gran demanda en la clase media y alta. Mientras, la clase D y E se informa por el sistema de medios oficiales, el mensaje boca a boca y las emisoras comunitarias. Sin embargo, la gran batalla ya se escenifica en las calles, urbanismos y barrios. Pueblos y ciudades. El choque principal es el de la gente por el desabastecimiento y los altos precios de alimentos y medicinas. Con una moneda devaluada y carente de capacidad de compra. Sueldos míseros y moneda depreciada. Sin perspectivas de triunfo se le ira la vida a las personas.
Sin esperanza de cambio a corto, mediano y largo plazo. Si no hay cambio en el modelo de políticas económicas y financieras la expectativa de mejorar hacia la prosperidad se irá haciendo cada vez más lejos. Por ahora, la meta de crecimiento y desarrollo social será una ilusión inalcanzable. El proceso de empobrecimiento es agudo, difícil de alterar y hacer cambiar de rumbo. Vamos por un camino ideado y planificado como proyecto ideológico de factura populista y dirección autocrática. Al fin y al cabo, el objetivo es mantener a la población ocupada en la solución de sus problemas de subsistencia… manutención. Haciendo cola para comprar pan, cobrar pensión y lograr mejor precio en los rubros alimenticios. Para eso escasea el efectivo, los bancos lo que dan es miserias y la conversión monetaria mantiene confundida e inhábil a las personas. Un pueblo resignado…condescendiente. Es el día día el que nos subyuga. No hay tiempo para protestar ni pensar en cómo mejorar y hacer crecer nuestro nivel de vida. Encadenados a una situación de compleja resolución desde el punto de vista personal o familiar. El deterioro personal es alarmante. La carga es larga y pesada y la lentitud acompaña cada paso que da la población. El pensamiento de la gente solo tiene espacio y chance para indagar y resolver sus problemas de alimentación y salud. Sabe que le espera una larga y penosa cola. Dónde conversa sobre precios, efectivo y servicios públicos. Poco tiempo gasta en comentar la grave situación política del país. Una colectividad desprovista de un mensaje de aliento que apalanque sus congénitas fibras de trabajo y sacrificio por un futuro de cambios y progreso social. Atrapada en las redes de una paupérrima situación económica que no da chance a sublevarse y exigir una mejor vida.
