La economía hace aguas. Algunas incógnitas quedaron en suspenso en la entrega anterior. Como escribimos para el público grueso, los tecnicismos están demás.
Tenemos pendiente el abordaje de algunos temas relacionados con la institucionalidad democrática y la problemática económica del país. La necesidad, y por ello la importancia, de abundar sobre las instituciones políticas del Estado, tales como la electoral, la parlamentaria, la judicial, la fiscalía y la contraloría general de la República, la defensoría pública, la seguridad ciudadana, la lucha contra la corrupción, la organicidad del poder ejecutivo, sus cambios y sus “enroques”. Y muy importante, la institución de la salud y la educación públicas. Son temas que trabajaremos en posteriores entregas, que obedecen a un plan que nos hemos trazado en la búsqueda de una modernización a fondo de la institucionalidad de la democracia protagónica y participativa de Venezuela. Decíamos, utilizando una figura literaria, un símil por así decirlo, que la economía venezolana hace aguas por los cuatro costados. Imposible abordar planteamientos coherentes en ese sentido si no va por delante una discusión sobre la ideología del venezolano, su toma de conciencia en cuanto a los programas sociales, económicos, políticos y, muy, pero muy importante, la política cultural que implica el fortalecimiento de las instituciones políticas. No, no es un arroz con mango, esa es la letra, hay que ponerle música, ritmo. Debemos hacer un diagnóstico de los acontecimientos recientes para abordar, consecuentemente, un diagnóstico prospectivo o predictivo, es decir, a futuro. Con respecto a la economía venezolana comencemos por aclarar que se movió a una tasa media, entre 2000 y 2001, del 3,5%; cae abruptamente en los años 2002 y 2003 en (8,35%); entre 2004 y 2008 la tasa media de crecimiento fue de 10,52%, explosión de crecimiento inédita en la economía del país; la crisis económica y financiera mundial nos atrapó en los años 2009 y 2010, cuando caímos en una media de (2,35%); tuvimos un breve respiro en los años 2011 y 2012 gracias al repunte de los precios de la cesta petrolera, que nos permitió un leve vuelo de 4,9%. El año 2013 vio coincidir el inicio del derrumbe de los precios del petróleo con la desaparición física del Presidente Chávez, el reinicio de las guarimbas y el bachaqueo, acaparamiento, contrabando, desabastecimiento y especulación de los productos de primera necesidad para el venezolano que, combinado con un feroz ataque de los medios nacionales e internacionales, así como un cerco financiero internacional, aunado a una pésima conducción de la política económica del gobierno, ha hecho caer este indicador, el PIB, entre los años 2013 y 2016, en una media de (4,075%). En resumen, la economía venezolana se movió interanualmente, entre el 2000 y el 2016, a una tasa de 0,91%, lo que significa que, en términos de valores relativos del PIB, retrocedimos a las penumbras del año 1998. II. El futuro predecible no es nada halagador. Los acuerdos de los países Opep y no Opep del último trimestre de 2017, produjeron un repunte de los precios del petróleo de 53,84% entre marzo de 2016 y marzo de 2017 en la cesta venezolana, al pasar de 29,72 dólares a 45,72 dólares el barril. Nubarrones se ciernen en el mercado petrolero internacional, dado que la crisis económica y financiera por la que aún atraviesan los países industrializados de la Comunidad Europea, Estados Unidos y Japón, mantiene contraído el dinamismo de esas economías, lo que aunado al fin del invierno, ha provocado la consiguiente reducción de la demanda de combustible. Ello ha ocasionado un repunte en la acumulación de las reservas petroleras de Estados Unidos, principal consumidor mundial, así como los incentivos a los productores del petróleo de “esquisto”, que prevén posibles ganancias por el alza de los precios, ante los elevados costos de esta modalidad de extracción. De manera que, si entre 2012 y 2016 los precios del petróleo venezolano cayeron de 103,42 a 35,15 dólares el barril, significa una caída entre 2012 y 2016 de aproximadamente un 68%; además, una reducción en la producción de 2,9 millones de barriles diarios a 2,3 millones, trajo consigo una reducción en la exportación de crudo y productos que se manifestó en la baja de las exportaciones a China, previo acuerdo consensuado, de 600 mil barriles diarios a 350 mil; de igual manera, las exportaciones a Petrocaribe se redujeron en aproximadamente 100 mil barriles diarios. La crisis económica y financiera internacional que ha estremecido los cimientos de los países industrializados ha impactado con sus “coletazos”, no tan sólo a los países emergentes como Brasil, Sudáfrica, Rusia, y en menor medida a India y China, sino que los países en vías de desarrollo, toda Latinoamérica y el Caribe, así como los países de África y el Sudeste Asiático, están sufriendo los efectos de esta recesión mundial del mundo capitalista. Cuando afirmamos que la economía venezolana hace aguas, debemos confirmarlo con los hechos, y aquí proporcionamos unos datos oficiales. El déficit fiscal del PIB del sector público consolidado ha tenido la siguiente recurrencia en saldos negativos entre los años 2012 y 2016: (17,4), (16,9%), (12,8%), (21,3%) y (24,3%)*, respectivamente. Y eso es grave, muy grave para la economía venezolana.
