No hay respuesta sencilla ni perfecta a la pregunta ¿qué hacemos en este momento para alcanzar nuestro objetivo de cambio político y atención a la tragedia humanitaria que vivimos los venezolanos? Durante veintiún años hemos trabajado para lograrlo y esto no ha sido posible. Diversos factores, propios y extraños han influido en esta realidad. Es necesario que hagamos un balance de los aciertos y de los errores cometidos, que asumamos la responsabilidad de los segundos, que tengamos muy claro frente a quien nos estamos enfrentando y que superemos el reto de reorganizar todo el esfuerzo para lograr el objetivo planteado.
En el marco del qué hacer, Juan Guaido, a quien le ha correspondido –con aciertos y errores como será siempre toda obra humana– encabezar esta lucha a partir del 5 de enero de 2019, ha acogido el llamado a la concreción de un pacto unitario y se ha convertido en su proponente. El pacto es necesario porque no estamos unidos. Esa es la verdad. Nuestras contradicciones y el rol divisionista de la dictadura han abonado en generar una imagen que debemos revertir para ganar confianza en la ciudadanía, en el mundo militar y en la comunidad internacional.
Es obvio que la unidad no es un fin en sí mismo. La unidad es un instrumento para el logro del objetivo planteado. Sin unidad no somos fuertes y sin fortaleza no podremos salir de esta tragedia. Es natural que haya críticas y disensos. Y lo lógico es que estos y aquellas se discutan en el marco de esa unidad. Los planteamientos hechos por instituciones de peso como la Iglesia Católica y por diversos sectores de la sociedad civil no deben caer en saco roto. Todos debemos discutirlos y lograr puntos de encuentro que nos ayuden en el camino que debemos recorrer.
Hemos visto, también, planteamientos críticos de dirigentes a quienes respetamos y con quienes tenemos buena relación, especialmente Maria Corina Machado, Henrique Capriles y Antonio Ledezma. Con ellos hemos hablado. Pienso que tienen pleno derecho a hacer observaciones y a ser aprehensivos. Pero si la unidad es necesaria y ellos piensan que debe asumirse un curso de acción determinado, tienen el reto de convencernos a todos, dentro de la unidad, del balance positivo del planteamiento que –diferenciado– cada uno hace.