Opinión

Un tributo al PANORAMA impreso

El pasado 14 de Mayo de 2019 la empresa editora del diario “Panorama” despidió con un “Hasta Pronto” la versión impresa del periódico, luego que ocupara durante 104 años el primer lugar de circulación en el estado Zulia. Con una fisiología parecida a la del humano, “Panorama” fue perdiendo en los últimos años su robustez de papel tocándole vivir sus últimos días hasta expirar enflaquecido con su cuerpo reducido a ocho páginas.   

Nacido en 1914, en tiempos del régimen de oprobio y de vejamen a los derechos humanos impuesto por Juan Vicente Gómez  – el amo del poder –  Panorama surge al amparo del emprendimiento extraordinario de los hombres del Maracaibo de ayer que al margen del régimen imperante habían hecho de la ciudad la primera en contar con servicio de electricidad, aeropuerto, teatro, banco y otros triunfos en Venezuela, colocando el gentilicio zuliano por encima de las demás regiones. Se requería para ese entonces un órgano informativo que sirviera de tribuna a la obra científica, literaria y artística del momento y diera cuenta de la actividad comercial, industrial y social que exhibía Maracaibo. “Panorama” advino así para promover desde sus páginas el  regionalismo que anidaba en el sentimiento zuliano aun en aquel tiempo de oscurantismo político y económico sembrado por el “benemérito” para controlar el país entero.

Desde muy joven ojeamos las páginas de “Panorama” del cual fuimos por más de sesenta años asiduos lectores. Era lectura obligada en aquella década del cincuenta que la ciudad daba pasos desesperados por librarse de los resabios de la idiosincrasia colonial e insertarse en la vía del desarrollo dentro de un espacio que apenas se extendía desde el centro de la ciudad hasta la Plaza de la Republica dejando fuera de la vida citadina la  mayor parte de su extensión territorial. A la sazón Panorama había fijado su sede en una vieja casona aledaña a la Catedral y a la Plaza Bolívar donde permaneció por muchos años hasta que la modernidad la posesionó en una de las construcciones más emblemáticas de Maracaibo, que hoy le sirve de establecimiento principal, situada en la intersección de las avenidas Las Delicias y Padilla, que da muestra de su inquebrantable y recia vitalidad. 

No nos corresponde en estas líneas hacer crónica de la actividad periodística de Panorama ni del liderazgo que en 104 años mantuvo frente a otros medios de su misma especie surgidos con posterioridad a su creación. Preferimos destacar los detalles que lo hicieron de la preferencia de sus lectores y lo distinguieron de los otros medios impresos que compitieron con él en la actividad informativa de la región, detalles que se han ido con la partida del Panorama impreso, pero han quedado grabados en la memoria colectiva para la historia y para nostalgia de su gran número de lectores.     

Uno de esos aspectos, quizás el de mayor valor singular, consiste en la forma subliminal como la denominación comercial “Panorama” – su nombre de pila- pudo penetrar el alma del zuliano para hacer que el mismo adquiriese en el argot popular el significado semántico de “prensa y/o periódico”, al punto que fue común escuchar la frase “…deme por favor un panorama de Caracas”  utilizada libremente por la gente al momento de solicitar en los expendios un ejemplar de la prensa capitalina. Es innegable que semejante impropiedad trastoca el buen uso del lenguaje, pero frente a ello la  espontaneidad y el uso reiterado de la expresión se impuso para denotar la familiaridad y el sentido de pertenencia que los lectores convinieron en adjudicarle a Panorama considerado desde entonces como parte de la tradición y de la idiosincrasia del zuliano.

Otro aspecto de mayor valor colectivo, que también se ha marchado con el Panorama impreso, pero grabado para la posteridad, es atinente a la  virtualidad que el diario tuvo para escribir la historia del Zulia a lo largo de sus ciento cuatro años de existencia. No la historia que los escritores refieren con base a interpretaciones del conjunto de sucesos acaecidos en un tiempo más o menos largo en una región determinada, sino la narración de los hechos  y la descripción de los mismos en  las condiciones de modo, lugar y tiempo bajo los cuales se produjeron. En pocas palabras, la difusión de la información y de sus contenidos en materia cultural, científica, social, deportiva, económica y política de la región zuliana, que sus páginas reseñaron día a día, paso a paso, en pleno desarrollo del diario acontecer, dan cuenta de la verdad de los hechos sin apreciaciones subjetivas susceptibles de alterar la noticia y, por tanto, no resulta  aventurado decir que es imposible escribir la real historia del Zulia sin tener a mano el  acervo histórico contenido en los respectivos ejemplares editados en el diario Panorama hasta el día que su versión física fue excluida del firmamento periodístico. 

Con el Panorama impreso se ha ido igualmente la grata recordación desplegada desde sus páginas por esa pléyade profesional de distinguidos periodistas que estuvieron al frente de la Dirección de Redacción durante su existencia. Señalaré a quienes conocí en los últimos sesenta años: Hesnór Rivera, Adalberto Toledo, José Semprún y Oscar Silva. Magna experiencia profesional cuya trayectoria se ha marchado junto al “Hasta Pronto” del catorce de mayo pasado llevándose consigo el grito edulcorado del muchacho pregonero: “Panorama, Panorama, con los últimas de hoy” y, de paso, la visión de las camionetas de transporte conducidas a velocidades prohibidas en cada madrugada, dispuestas a hacer llegar el periódico a temprana hora; y con éstas los kioscos ordenados para la venta a la orilla de las principales calles.      

En la lucha entre la imprenta y la cibernética ha triunfado la tecnología. La llamada sociedad de la información y del conocimiento, surgida a merced de  la fuerza indetenible de las redes sociales y de Internet y a lo cual se debe  la inesperada velocidad con que se mueve la información en el planeta, han propiciado cambios significativos en el modelo mismo de la educación pública y privada imponiendo una función nueva de la escuela y un nuevo modelo del maestro. El periodismo impreso no podía permanecer ajeno a tales cambios y resultó destronado en dicho proceso para dar paso al periodismo digital.  

Era de presumir que una vez anunciada la retirada del Panorama impreso la nostalgia invadiera de inmediato a los asiduos lectores. Al autor de estas líneas la nostalgia llegó con prontitud, haciéndonos recordar los momentos en los cuales colocábamos el Panorama al lado de las empanadas, las mandocas y la taza de café a fin de leer precipitadamente, en pleno desayuno, algunas noticias antes de salir a los centros de instrucción.  Extraño su lectura y, particularmente, la forma inusual de leerlo a la inversa, yendo desde la última página a la primera, quizás por la costumbre que nos impusiera nuestro recordado Camacho, aquel reportero sin escuela, a quien tocaba narrar los sucesos relacionados con accidentes, problemas y asuntos personales en la última página del diario, pero lo hacía de tal manera  novelada, misteriosa y jocosa, que muchos de sus lectores preferían  comenzar la lectura por esa última página,  con el propósito de imponerse, primeramente, de las ocurrencias de Camacho en su afán de dar sensacionalismo a las noticias. Una remenbranza que hoy queda como recuerdo de lo que un día fue. 

Pero no solo las cosas gratas se han ido con el Panorama de papel. Junto a él también se ha ido la parte triste de su larga historia. Esa parte que recoge el reconcomio de sus duros adversarios, incomodados por causa de la posición discrepante entre su propia línea y la línea editorial del medio. Aquellos que a cada momento denostaban de la posición editorial de Panorama, considerándola proclive al gobierno de turno. Es posible que a algunos no les parezca bien, pero no resulta justo cuando se ignora que la función fundamental del periodismo no es otra que garantizar el ejercicio del derecho fundamental del hombre a la información veraz y oportuna, que ha de tenerse como “derecho” y como “deber” y, por consiguiente, escapa a las definiciones políticas. El deber de informar constituye en verdad la esencia de la actividad periodística y a ese deber el medio ha de ajustar su actuación sin importar el carácter democrático o dictatorial del régimen en cuyo ámbito se sucede el hecho noticioso, y sin que importe tampoco la postura positiva o negativa que tenga el medio respecto al régimen. Al medio solo corresponde informar el hecho noticioso y, esa es, precisamente la razón por lo que la cobertura informativa y la difusión de la noticia se desenvuelve siempre dentro de un marco represivo que va desde el cierre de periódicos, enjuiciamiento de periodistas y hasta la censura directa de la información. A esto obedeció el cierre de Panorama por parte del régimen gomecista durante el periodo comprendido entre 1.923 y 1931. Pero esta amenaza que se cierne sobre el periodismo se halla siempre presente en todo modelo de gobierno, pues, se manifiesta cada vez que el medio traspasa la línea que separa la permisibilidad oficial y lo que el régimen  considera una opinión adversa a sus intereses. Dentro de esa potencial amenaza, siempre velada, se mueve la generalidad de la crítica inmerecida que se levanta contra los medios de comunicación.          

Pero la nostalgia por el Panorama impreso se disipa cuando en su ausencia ha surgido con la misma fortaleza el Panorama digital. Por fortuna, la nueva generación que desde hace pocos años ocupa la Dirección de la empresa editora, conserva el mismo brío de los fundadores y no tardó en comprender el paradigma que entraña el cambio tecnológico generado por la cibernética, sabiendo que de los noventa periódicos existentes en el país para el 2013, apenas quedan 25 de ellos; y que únicamente doce estados en Venezuela conservan un periódico impreso de carácter regional. 

A la Junta Directiva de la editora “C.A. Diario Panorama”, en la persona de su Presidenta Patricia Pineda Hernández, y a la Gerencia de Redacción, en la persona de María Inés Delgado, corresponde el reto de mantener la versión digital de Panorama en el puntal del liderazgo periodístico de la región occidental y posicionarlo, como siempre, entre los  primeros lugares del periodismo nacional. No dudamos que así sea. Sabemos de la experiencia profesional que ambas tienen en sus respectivos ámbitos de actuación.  

Junio de 2019

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