Los objetivos y el efecto en la vida de los ciudadanos de la hiperinflación y la reconversión monetaria han transformado al país en un verdadero campo de intrigas, especulaciones y rivalidades. En “campo de Agramante” se ha convertido el país entero. Como en el poema del italiano  Ludovico Ariosto (1474-1533). Se llama así al lugar en el que se establecen riñas o discusiones cargadas de confusión y desorden. Discordia y caos. Reina, como león en la selva, la barahúnda y el conflicto de intereses se desborda impenitente. Son momentos de incertidumbre y perplejidad. El dilema se apodera de la conducta y actitudes de la gente.  No hay orientación privilegiada y la preocupación de las personas deambula sin control por senderos de miedo y desasosiego. La angustia por no saber qué pasará restringe las capacidades de entendimiento y comprensión.  Ante la falta de visión prevalece la reflexión sin rumbo, el razonamiento sin base y la expresión intemperante.      El país está en shock y la racionalidad brilla por su ausencia.  Son tiempos de pensamiento profundo, espera estratégica y accionar conservador. Como vaya viniendo lo vamos viendo. El pulso es esencial y no hay que adelantarse ni atrasarse. Hay que dar pasos bien meditados. Y la información certera y oportuna juega un papel decisivo en el éxito o fracaso de cualquier acción. Proteger los intereses de cada quien es el deber de unos y otros. Y esto se logra con información fundamentada. Responsable. Sería. Distinguir la falsa, media verdad o interesada resulta básico en la defensa de nuestra paz y patrimonio. (…)      En esta época aciaga, dura y adversa, hay que distinguir muy bien quienes son los amigos y quienes los enemigos. Todo se debe a políticas de Estado que contribuyen a dividir al país. (…)        Ya le quitaron los cinco ceros a los ingresos. Ahora falta que la oferta cumpla. Quitándole los cinco ceros a la oferta de alimentos, medicinas y servicios públicos. Además de respetar los precios de los alimentos de la cesta básica publicada por el  Gobierno nacional. Esto último, en mi opinión, difícil de cumplir. Hasta ahora, el Gobierno no ha tenido capacidad para controlar los precios. Ni la organización popular ha demostrado eficacia. A la estructura de costos hay que agregarle los asaltos a los transportes con alimentos de que son víctimas por bandas delictivas (civiles y militares). Las mafias que controlan importantes rubros de alimentos y materiales de construcción.