La clase política sinceramente no termina de aprender de sus propios errores, el cuadro donde estamos inmersos cada día es más confuso y desesperanzador para el futuro del país, los mensajes que envían los políticos a los ciudadanos siguen siendo cada vez más ambiguos e incoherentes, los niveles de frustración y expectativas de cambio se desvanecen ante tanta mediocridad política, es imposible creer que no exista capacidad de raciocinio o unas voces sensatas que puedan detener y decir ya basta ante tanta incapacidad política, preocupa la complicidad y silencio evidente ante la oscurana menguada que padece nuestra patria.
El deterioro en el cual se encuentran las instituciones del Estado, ha superado en creces cualquier otro escenario comparativo visto en nuestra historia contemporánea, la institucionalidad democrática ha desaparecido, el personalismo político se ha impuesto sobre el interés ciudadano, llegar a la desfachatez de crear lo que han llamado el “carnet de la patria”, raya en el máximo nivel Apartheid por la cual luchó Mandela en Sudáfrica o reeditar el nefasto tráfico de influencias, por cartas de recomendación en la IV República para hacerse de un cargo público o un beneficio que pudiera conseguir en el gobierno el compañero del partido.
Si alguna vez alguien pensó, que con la instauración de este viejo y desgatado gobierno que lleva más de 18 años en el poder las cosas iban a cambiar para bien, espero se haya dado cuenta a la fecha que se equivoco, considero que no es necesario explicar las razones ante mi afirmación, el diagnóstico es claro y notorio, quien no esté padeciendo de las secuelas de la crisis, es porque su nivel obnubilación lo ha extraído de la realidad, o como diría un amigo, en su vocabulario más coloquial es porque esta chupando y enchufao, copiando una frase del periodista Francisco Rubiales, dedicada a quienes aún apoyan este nefasto gobierno, «tan libre soy yo para repudiar la tiranía como tú para adorarla. Esa es la grandeza de la libertad respetada”.
Uno de los problemas centrales de la crisis sigue siendo la ineficiencia en el diseño y ejecución de las políticas públicas y la corrupción, la corrupción está en todas partes, es pública y notoria, pero además ha sido aceptada por la ciudadanía como algo normal, está en todos los niveles de la administración pública, como también en los contratistas del sector privado, que gozan de los contactos del gobierno, se ha perdido la vergüenza, la impunidad es evidente, no hay controles, ni justicia autónoma, ciega e independiente que diga ya basta ante tanto cinismo, la omisión se antepone antes de hacer lo correcto, la sociedad de cómplices ha preferido callar para mantener sus privilegios y sobrevivencia.
