La lucha contra la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente es de todos aquellos que creemos en la democracia, sin importar cuál sea la ideología que defendamos. No se trata de ser de izquierda, derecha o de centro. Se trata de impedir que se construya un modelo hegemónico que pretende acabar con la pluralidad y diversidad que caracteriza un sistema de libertades plenas. Se trata de ser venezolanos y querer a Venezuela.
La Constituyente es una jugada que ni siquiera los oficialistas que creen en la democracia aceptan y por eso se han expresado contra la propuesta importantes miembros del oficialismo, como la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, y la ex Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, además de dos magistrados del TSJ.
Y lo han hecho por varias razones, pero la principal es que la idea de Maduro es contraria a lo que establece la Constitución Nacional que claramente establece que el Poder Constituyente reside en el pueblo y no en quien ocupe la Presidencia. Debe consultarse al ciudadano y ese es uno de los pecados de origen de la misma.
Maduro y el cogollo de enchufados no quiere consultar al pueblo, porque el pueblo está bravo. Porque el pueblo está en la calle defendiendo sus derechos. Porque el pueblo está pasando hambre. Porque el pueblo quiere votar para castigar al peor gobierno de la historia del país. Porque el pueblo quiere cambio.
