Opinión

Somos parte del cambio

Los venezolanos tenemos gran responsabilidad en la reconstrucción de nuestro País, más allá de un cambio de Gobierno, presidente, modelo económico o cualquier ideología política, están los cambios que deberíamos generar desde cada uno de nosotros, y con esto hacemos énfasis a que las malas prácticas, los antivalores, los vicios y las denominadas “marañas” nos hacen parte –sin duda- de la corrupción, y ahí nos convertimos en una sociedad corrompida, donde se impone el fuerte sobre el débil; el uniforme sobre el ciudadano; el que tiene un “padrino” sobre nuestros derechos; el carnet sobre la persona; y lo peor de todo, es que nos hemos acostumbrado a ver esto como cotidiano, e inclusive se produjo una especie de mutación de cada una de estas prácticas, buscando superar esos monstruos, sacando lo peor de cada uno de nosotros -claro está con la excusa de “sobrevivir”- 

Hemos perdido valores, principios y ciudadanía; ahora es común ver a un trabajador de una estación de servicio, el llamado  “bombero” dando órdenes a quién se le surte o no la gasolina; policías y efectivos militares se convirtieron en los dueños del combustible, pero, para poder surtir gasolina… hay a quienes les pagan y enriquecen sus egos –además, de sus bolsillos- Asimismo, están los servidores públicos que para poder hacer su trabajo exigen “alguito” que generalmente son dólares; asegurando que es para gestionar de forma “más rápida” lo que sería, en otro tiempo y espacio un trámite completamente normal. Cualquier documento que sin las trabas que ellos mismos colocan, deberían obtenerse de manera eficiente y en un tiempo moderado, la premura y la celeridad genera que muchos caigamos y paguemos, convirtiéndose en un negocio “redondo” para los funcionarios y una trampa para el ciudadano.

Por otra parte, los trabajadores de las taquillas “cajeros“ de las distintas entidades bancarias, se han convertido en tesoreros a sueldos, el efectivo lo distribuyen según el mejor postor; Aún, cuando vemos a los abuelos y clientes en general padeciendo en largas colas por los billetes, y que en muchas ocasiones, el mismo efectivo se va a un mercado donde se cotiza en 100% o 150% más; determinando así los grandes consorcios comerciales de la actualidad, los llamados “bachaqueros” quienes terminan como los dueños de todo el mercado, fijando la oferta según su conveniencia; acciones que dejan como resultado distintos precios de un mismo producto en efectivo, por punto de venta, transferencia o divisas, con costos asombrosos de productos importados e inclusive, nacionales y regulados; juego en el que caemos debido a la necesidad de cubrir aspectos básicos de nuestra vida cotidiana.

Trabajadores de compañías de servicios, telefonía fija, CANTV, corporaciones de televisión por cable; empresas de energía eléctrica y agua potable; resaltando estas dos últimas ya que pertenecen al sector público y de lo que sería su real objetivo “atender y servir” una denuncia o solicitud, termina siendo para el usuario un pago extra, no incluido en el pago de sus servicios y lo que su contrato especifica; en ocasiones, por el apremio en solucionar para contar con el agua, tener electricidad, señal de cable o tono para realizar llamadas, caemos en la usura de pagar “rescate” como si fuera un secuestro de nuestros derechos sobre un servicio que nosotros cancelamos.

Entre colocar un transformador, la conexión de una tubería, mantenimiento a una red de telefonía o realizar ajustes a la señal del cable tienen tabuladores de precios que van desde productos de la cesta básica, que conocen como “el kilito”, bolívares soberanos en efectivo o hasta dólares, para que de esta manera podamos resolver nuestros problemas.

 Por supuesto, no puede faltar el vivo de la cola que busca al “conocido” y se va metiendo para pagar primero en la caja del mercado, sacar dinero del cajero –si es que logramos coincidir con el efectivo en el banco- o que sencillamente hace una seña y habilitan un espacio para atenderlo primero que a todos los otros que llevan horas esperando; también está el “apura´o” del semáforo que al encontrarse con la luz roja parece que se confundiera con el color y aceleran; otros que no les importa adelantarse la cola, aun cometiendo una infracción yendo en sentido contrario con el único objetivo de tomar una ventaja.

Esto va más allá de la viveza criolla, es la degeneración progresiva del ciudadano, del respeto, los valores, principios y ética; imposible así tener un país diferente, y la gran pregunta es ¿estamos dispuestos a cambiar? estoy seguro, que las condiciones políticas de nuestro país cambiarán, que se implementará un modelo económico avanzado, con la credibilidad y seguridad jurídica necesaria para promover la inversión en nuestra Venezuela, por tanto, vamos a superar esta crisis, seamos ciudadanos.

Tendremos dirigentes de avanzada con ideas nuevas y frescas, investidos con las ganas de cambiar nuestro país. Pero, debemos resaltar que si nosotros no cambiamos nada de esto tendrá la repercusión que se espera, debemos recuperar la ciudadanía y trabajar para modificar lo que nos llevó a corrompernos y la corrupción de la que también somos parte; para cambiar nuestro país debemos comenzar a pensar en mejorar nosotros, y aquí me tomo el derecho, de admitir -con mucha vergüenza- que también soy parte del problema, a pesar de eso, estoy convencido que si partimos desde el reconocimiento de nuestras fallas vamos a poder trabajar sobre ellas y cambiarlas. Por eso, vamos a mejorar desde lo interno para reconstruir a Venezuela.

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