Tatareta ha quedado la dirigencia de oposición con el plan económico del presidente Nicolás Maduro. Les cambiaron la consonante y ahora se les va la idea, no saben qué ripostar, porque lo umbilical de las decisiones adoptadas, más que las decisiones mismas, es el hecho de que el Gobierno está demostrando capacidad para cambiar, para moverse con mayor libertad ante una realidad altamente dinámica, movible, como es la economía.Sin abandonar sus aspiraciones de inclusión y justicia social, después de 18 años haciendo prácticamente lo mismo, el Gobierno se revoluciona así mismo. Cada una de las decisiones tomadas revela que en el chavismo gana terreno una nueva forma de pensar lo económico sin renunciar a lo medular del chavismo y eso es, precisamente, lo que pone tatareta a la oposición que prefiere el viejo esquema de polos contrapuestos.La prueba de esto es que aunque se derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios, se autorizó el funcionamiento de las casas de cambio y se suspendió por un año el cobro de impuestos por la importación de bienes de capital, los clérigos económicos de la oposición insisten en que el problema es el control de cambios.Las medidas en sí mismas requieren de tiempo para demostrar su eficacia y siguen pendiente tres cuestiones fundamentales para la recuperación económica del país: primero, el incremento de la producción en todos los ámbitos, para lo cual el Estado debe hacer esfuerzos titánicos porque no se puede confiar en que el sector privado que se ha empatado en una de tumbar al gobierno vaya a sumarse decididamente a este asunto. Segundo, combatir más aún la corrupción que es la más letal enemiga de cualquier plan económico y de la productividad misma y, tercero, aumentar el precio de la gasolina a precios no bachaqueables.Esto último es vital porque la guerra económica se ha financiado con el contrabando de gasolina y las presiones sobre el dinero en efectivo, que ha agregado un nuevo elemento a la inflación inducida, están relacionadas con el hecho de que el contrabando de combustible se mueve exclusivamente con papel moneda y genera una economía infame que le sirve de soporte al contrabando mismo.Sin contrabando de gasolina la diferencia entre el precio en efectivo y el precio con punto electrónico deja de tener su mayor soporte o justificación. Desde que Manuel Rosales fue gobernador del Zulia en la región ha ido creciendo la opinión de que las mafias del contrabando de gasolina han ganado amplio terreno en la economía de la región. Ni con Pablo Pérez, ni con Francisco Arias, ni con lo que va de Omar Prieto esta percepción de que las mafias de la gasolina controlan en buena medida la economía del Zulia ha variado. Por el contrario, han sido los mismos gobiernos regionales los que en su momento nos han revelado cómo las mafias de la gasolina han penetrado la economía y la vida misma de los zulianos.El incremento del precio de la gasolina a precios internacionales acabará de una vez el contrabando de combustible y desmontará de igual forma el entramado económico financiero que ha soportado la guerra económica en el Zulia y los problemas de gobernabilidad y de inseguridad vinculados a este asunto. Oponerse a esta decisión porque se hará a través del carnet de la patria es un solemne contrasentido, es ponerse del lado de los contrabandistas y de quienes han usado los ingentes recursos que esta actividad ilegal les ha dado para imponernos sus “negocios”.El incremento del precio de la gasolina, incluso, salvará vidas al eliminar ese submundo mafioso que genera el “negocio”. La desaparición de la economía y de la cultura del contrabando puede ayudar a crear economías realmente productivas. Sin el aumento del precio de la gasolina se ponen en riesgo las demás medidas económicas que ya ha puesto en marcha el presidente Nicolás Maduro porque los enormes recursos que deja el contrabando de gasolina y la economía mafiosa que esta actividad genera aguas abajo es la principal arma que desde Colombia se utiliza para golpear al bolívar y por esa vía a toda la economía venezolana.
Sin gasolina no hay paraíso
