La gran mayoría de los ciudadanos venezolanos estamos de acuerdo con que en nuestro país se dio un golpe de Estado a través del cual se ha instaurado una dictadura. La mayoría estamos claros en que es necesario aplicar los mecanismos constitucionales para lograr salir de esta crisis. Pero debemos tener claros algunos parámetros en la acción y asumir que esta lucha tiene riesgos que debemos afrontar para minimizarlos y lograr el resultado que nuestra ciudadanía espera.
1. La pérdida de foco. Nuestro problema es la gente. Este régimen se olvidó del pueblo, lo llevó a la destrucción, a la crisis, a la humillación. Nuestra lucha es para sacar democráticamente a unos señores que se han convertido en la causa de todos nuestros problemas. 2. La desunión. Hablo no sólo de la unión de los partidos políticos, lo cual es una necesidad y hemos avanzado mucho en eso, sino también de la unión de todos los que estamos involucrados en esta gesta por la patria. No tiene sentido que cuestionemos todo. Esta lucha re quiere de una sólida unidad nacional y todos debemos procurarla.
3. La violencia. Siempre hemos manifestado que nuestra lucha es pacífica, constitucional, democrática, electoral. Si esto lo tenemos claro, debemos apartar cualquier tentación de violencia. La violencia la busca la dictadura. La violencia favorece a quienes hoy reprimen al pueblo. Ellos buscan victimizarse a través de ella. Tratan de hacer creer al mundo que no hay talante democrático en la mayoría ciudadana que se opone al régimen. No es fácil no reaccionar ante las agresiones de las que somos objeto, pero debemos hacerlo para conservar nuestras fortalezas. 4. La infiltración. Esta dictadura es perversa. Sólo se interesa en su permanencia en el poder sin importarle el daño que han causado. En su despropósito buscan permear nuestras fuerzas. Meten gente en nuestras actividades. Algunos son funcionarios policiales, otros militares y otros militantes armados. Daño que ellos generen, daño que nos atribuyen.
5. La imposición de criterios. Nadie puede sentirse dueño de la verdad absoluta. Eso no existe. Tenemos entonces que practicar la tolerancia. Nadie debe obligar al otro a hacer lo que aquel considera necesario. No podemos hacer lo que criticamos en el adversario. No comparto la política de impedir acceso de niños al colegio, cerrar negocios a la fuerza, impedir acceso a zonas residenciales. 6. La indisciplina. Si en algún momento necesitamos unidad de dirección, es en este momento. Nos guste o no, la Mesa de la Unidad Democrática, a través de su conducción nacional, debe dictar las pautas de nuestra acción. Convocar a un paro, por ejemplo, sin que estén dadas las condiciones o hacerlo de forma unilateral y muchas veces anónima, no tiene mayor sentido. Permitamos que la mesa lleve el pulso de la situación y, si considera que las circunstancias lo ameritan, sea quien convoque. Pienso que la indisciplina tiene algo que ver con la desesperación. No podemos desesperarnos.