No es verdad que la derecha sea totalmente obtusa, eso no es cierto. Algo se puede hacer. No es sano lanzar aseveraciones dogmáticas y hasta ortodoxas. Las correcciones y enmiendas hechas al proyecto de ley de amnesia delictiva evidencian cierta flexibilidad y alguna concesión a la autocrítica, no importa que al final, como la cabra de la filosofía popular, siempre termine tirando “pa’l monte”.
Para desesperación de Fedecámaras, Cedice y Consecomercio, los diputados carmonistas están presentando proyectos de leyes hiperpopulistas cada semana. Los financistas electorales están alarmados con sus financiados. Los voceros de la MUD han prometido a los empresarios del voto que esas leyes son solo la vaselina para poder introducir luego el paquete neoliberal completo. Pero, ¿para cuándo, papá?, reclaman impacientes los adláteres del FMI y el Banco Mundial. Temen que sus parlamentarios les cojan el gustico a los aplausos facilones y al “populismo rojo”.
Sin conocer el concepto de “crisis humanitaria” en el derecho internacional, propusieron un proyecto de salud para dispararse a martillar por el mundo y convertir al país en un pedigüeño internacional. De paso, complacían al exjefe del Comando Sur de EE UU, John Kelly, quien dijo que si se daba esa situación, su filantrópico país intervendría en Venezuela. Los trotamundos del martillo aceptaron cambiar el nombre del proyecto, algo que deben agradecer al Bloque de la Patria por salvarlos de un ridículo planetario. Nadie les iba a creer su rimbombante “crisis humanitaria” en un país que pensiona a tres millones de adultos mayores, cumple las metas del milenio y otorga un millón de viviendas.
Cuando redactábamos la Constitución de 1999, al hablar de los pueblos indígenas, tuvimos que acotar que el término “pueblo” no se usa en la Carta Magna “con el significado que tiene en el derecho internacional”. Eso, para evitar posibles secesiones en el futuro. Igualmente, la categoría “territorio” la sustituimos por “hábitat” porque aquella genera derechos que mañana pueden ser invocados. Al aclararle eso a la derecha en las sesiones, salvamos a sus voceros de un devastador ridículo humanitario. De nada.
