Jesús resucitado significa, para las y los que profesamos la fe cristiana, la victoria de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal. Por eso en cada pascua es bueno reflexionar sobre cómo lograr una resurrección permanente de esos valores que nos permitan vivir en una sociedad auténticamente humana.
Nosotros como pueblo debemos esforzarnos para lograr una victoria estratégica en los siguientes planos de nuestra vida social:
En lo ético debemos hacer renacer el tejido de solidaridad que nos caracteriza como pueblo y empeñarnos en hacer el bien entre nosotros y en el espacio y responsabilidad que nos toca desempeñarnos. Que la honestidad prevalezca sobre la corrupción.
En lo social lograr que los niños, niñas, jóvenes y madres embarazadas sean la prioridad en estos momentos de dificultades. Como sociedad debemos proteger, material, espiritual y moralmente, a la generación que desde el presente, proyecta el futuro de la Patria. Igual cuidado es obligante, para la sociedad, con los ancianos y ancianas, que son la raíz que nos sustenta como pueblo. Que la humanidad minimice al egoísmo.
