Opinión

Reflexiones de Hugo Hernández Rafalli: La Venezuela que soñamos

Los ingresos petroleros se han disminuido en proporciones dramáticas. Durante el mes de enero, $ 77 y en febrero cerca de los $ 80. Si proyectamos esos ingresos, para el año 2016 Venezuela recibirá cerca de $ 1.200 millones de dólares. Solo le pediremos a Dios que el precio del petróleo se equilibre cerca de los $ 60 por barril. De esta manera podremos cubrir los gastos y los compromisos internos y externos.

Sin duda, que una recaudación de impuestos eficientes por parte del Seniat servirá en buena parte para cubrir los compromisos internos presupuestarios.

La búsqueda de recursos en divisas es de extrema urgencia. La reestructuración de la deuda externa debe ser un asunto a abordar, sin temor alguno. Venezuela no llegará a la cesación de pagos. Tiene suficientes reservas en petróleo y oro como para poder atender todos sus compromisos internacionales. Recientemente, aún con ingresos insignificantes, cumplió con sus acreedores internacionales. Eso demuestra la solvencia de nuestro país. El bloqueo financiero internacional, es evidente. Han cercado a Venezuela a nivel del crédito internacional. Las agencias de riesgos han rebajado la calificación de los papeles emitidos por la República y Pdvsa, creando situaciones no convenientes a los intereses del país.

La precariedad en el suministro de alimentos, medicinas y productos esenciales han creado un clima social, político y económico muy inconveniente. Hay 15 millones de venezolanos bachaqueando en contra de los otros 15 millones de venezolanos. ¡Qué lamentable esa situación! Es una guerra de unos contra los otros.

Se pretende regionalizar la emergencia económica. Bueno, será otro foco más de corrupción. Ya se preparan las estructuras de los vivos para hacerse de los dineros destinados a tales fines. A la vez de combatir férreamente el contrabando de extracción de alimentos, de medicinas y de combustibles, el Gobierno tiene que ponerle coto final a los filibusteros de oficio entronizados en el poder, que tanto daño le hacen a este noble país, Venezuela.

La escasez tiene que manejarse con un criterio ético y moral, con la ayuda de todos los venezolanos. Todos tenemos el deber de participar, para poder llevar la grave crisis por la que atravesamos.

Seamos buenos ciudadanos, pensemos que el facilísimo del rentismo se acaba en la medida que los ingresos petroleros disminuyen. Seamos productivos y miremos a Venezuela como un gran país, nuestro único país donde vivimos y moriremos. Tenemos el compromiso con nuestros hijos y nietos. 

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