El 30 de abril pasado, de nuevo se presentó en Caracas, protagonizada por el jefe del partido Voluntad Popular y el presidente de la Asamblea Nacional, del mismo partido, una escena que no tiene justificación ni explicación posible. Un intento de golpe de Estado mediático que duró pocas horas y confundió aún más a la población venezolana.
Con la autopista que permitió a la oposición avanzar a tener una mayoría importante en la Asamblea Nacional, centro de la construcción de los poderes públicos, optaron por desechar su potencial dentro de las leyes y pretendieron utilizarlo para la toma violenta del poder ejecutivo. “meses” dijo El presidente de la AN de entonces y luego acortó el plazo llevado por la emoción de una tarima.
La lógica en el cesto de la basura y la irracionalidad la emotividad sola, el odio como bandera. La anterior situación predominó en los hechos violentos y dolorosos del 2014 y 2017.
Esa actitud, agravada por la agresión, la amenaza manifiesta de la potencia hegemónica del continente, el boicot económico y el asalto a los bienes y dineros públicos en el exterior. Es la conducta que predomina en cada acción de la oposición externa y sus aliados nacionales.
