Se viven tiempos de crisis en los que importantes sectores poblacionales están aquejados por un aplastante sentimiento de impotencia colectiva, de falta de opciones, de proyectos y de cambios históricos. Y ello obliga a un análisis descarnado.
Sin rituales electorales como elemento distractor en el panorama cercano, los problemas sociales, económicos, políticos…se acrecientan al igual que la percepción negativa en torno a la institucionalidad vigente, la burocracia y el liderazgo. En cuestionamiento la democracia plebiscitaria que acude a una relación directa con el pueblo, en detrimento de instituciones y procedimientos.
A revisión la gobernabilidad, o sea la capacidad de articular las demandas de la sociedad ofreciendo respuestas oportunas y eficaces. Igualmente debemos interpelar la democracia plebiscitaria que acude a una relación directa con el pueblo, en detrimento de instituciones y procedimientos. Partidos políticos que funcionan como maquinarias electorales personalistas. Políticas clientelares que generan lealtades particularistas de consecuencias perversas para el poder popular y protagónico, traspapelado entre relaciones de dominación, amistad, favores y una “lealtad de clientelas”
Desgastadas las liturgias del poder – gestos, ritos, representaciones simbólicas, puestas en escena, celebraciones públicas y estrategias persuasivas- se deteriora el capital simbólico, pilar importante de las estrategias del poder.
