La supuesta Revolución Bonita ha dejado al país tan feo y destruido, que millones huyen de él como de una peste. Venezuela luce sucia, saqueada, destrozada. Las políticas de inclusión han resultado mecanismos eficaces para excluir a los que no quieren doblegarse. La retórica anticorrupción sólo sirvió para alimentar las conductas inmorales y convertirnos en uno de los países más corruptos del mundo. La Revolución del Amor sembró la división y el odio y terminó por convertirnos en uno de los países más inseguros del mundo, donde impera la violencia, la inseguridad, la impunidad. De lo único que no hay inflación en Venezuela es del valor de la vida que cada día vale menos. Se puede matar por un celular, por un paquete de harina, por un pollo. La propuesta del hombre nuevo ha multiplicado los pranes, los delincuentes, los especuladores, los bachaqueros, los colectivos y grupos guerrilleros y paramilitares, que se han adueñado de nuestras fronteras y actúan con total impunidad.
Las expropiaciones en pro de la productividad y la soberanía alimentaria nos trajeron colas, escasez, desabastecimiento y hambre. ¿Dónde quedaron las empresas estatizadas, los fundos zamoranos, los gallineros verticales, las areperas socialistas, los huertos hidropónicos, la ruta de la empanada, las cooperativas productivas, el bolívar fuerte? ¿Quién va a responder por los miles de millones que se esfumaron sin ningún logro, o fueron a parar a los bolsillos de los ladrones?
