A propósito de celebrarse el próximo 10 de diciembre las elecciones municipales a nivel nacional y en el Zulia repetirse la elección para la gobernación, me llama la atención con gran preocupación las ofertas electorales que están haciendo distintos candidatos de ambas tendencias a los ciudadanos.
Promesas que rayan en lo absurdo ya que ante la carestía presupuestaria de los gobiernos locales y regionales, las altas cargas burocráticas clientelares y la gravísima situación económica que atraviesa el país con proyecciones alarmantes para el 2018, es impensable que los presupuestos públicos puedan alcanzar para pagar gastos ordinarios, nomina de empleados e inversión pública. Es decir al ritmo que va la nación muchas alcaldías y gobernaciones estarán en riesgos de déficit presupuestario, realmente se verán asfixiadas ante el centralismo.
En tal sentido, es irresponsable que los candidatos, en su afán de motivar la intención del voto de los electores, prometan cosas imposibles de cumplir ya que los presupuestos públicos locales, dependen del situado derivado del poder central y en el caso de los municipios, aunque obtienen ingresos ordinarios, que son los procedentes de la administración de su patrimonio, estos se han vistos muy mermados derivado a la gran cantidad de empresas que han tenido que bajar sus puertas ante la crisis país.
Por su parte, los gobiernos regionales se ven sometidos a la práctica de centralismo caraqueño el cual destina recursos bajo criterios de personalismo político, así como también los niega, resta competencias u atribuciones (administración de carreteras, puertos y aeropuertos), usurpa funciones, impone figuras por encima de los gobernadores, estableciendo gobiernos paralelos, en violación al artículo 4 de la Constitución de la República en donde se establece que Venezuela es un “Estado federal descentralizado”, asunto que ha ido en detrimento de los avances que permitió la descentralización, afectando considerablemente los presupuestos de las regiones.