En reciente rueda de prensa con medios internacionales, el presidente Nicolás Maduro insistió en señalar que a finales del año entrante se celebrarán las votaciones presidenciales. Desde el punto de vista de los eventos políticos previstos este es el más importante, porque está en juego el Ejecutivo nacional, de modo que habría que prestarle la mayor atención.
A los precandidatos les correspondería competir en primarias hacia mayo o junio del próximo año y para la fecha de la votación faltarían unos 15 meses. En otras palabras, es un proceso que está encima. La celebración de estas elecciones representa el medio más indicado para canalizar la situación conflictiva que ha vivido el país, por lo que hay que proceder desde ya a crear las condiciones para que sean un instrumento útil para la estabilización de la vida política de la nación.
Para ello no bastaría con la organización misma del proceso, la preparación del cronograma o los acuerdos procedimentales que brindan garantías a los competidores, sino que es necesario enmarcar ese proceso electoral en un horizonte mucho más amplio, que visualice el período constitucional 2019-2024 como parte de un acuerdo de coexistencia y de gobernabilidad de los factores en pugna, lo que a su vez permitiría mayor fluidez en el caso de una alternancia que resultaría de un triunfo de la oposición, lo que hoy se ve como muy probable.
De modo que si se apunta en esta dirección habría que comenzar desde ya las negociaciones sobre las votaciones, puesto que la experiencia indica que las alternancias sin rupturas y sin violencia cuando hay antagonismos pronunciados requieren un trabajo laborioso de conversaciones, para hilvanar acuerdos y tejer compromisos.
