La revolución bolivariana nos está devolviendo al pasado a paso de vencedores. Ahora, ante la escasez de gas y electricidad, y como la gente no tiene más remedio que cocinar con leña, nos anuncian como medida salvadora el “plan leña”, donde supuestamente el glorioso ejército, heredero de las gestas heroicas de nuestros libertadores, se va a dedicar a recoger cuanto palo, rama o tronco arrastren los ríos o estén amontonados en playas o represas y repartir al pueblo bojoticos de leña.
De este modo, quieren evitar que la gente en su desesperación, le eche machete a cuanto árbol haya en las carreteras, montes o parques nacionales. Eso sí, el plan va a ser temporal, porque como el propio militar se apresuró a aclarar, se espera que para las navidades esté definitivamente resuelto el problema eléctrico. Y yo, al escucharle, sonrío y me vienen a la mente las incontables veces que Omar Prieto, el gobernador del Zulia, nos aseguró, incluso con anuncios de varias páginas en la prensa, que el problema eléctrico estaba ya resuelto.
¡Basta ya de tanto cinismo e hipocresía! Es hora de propuestas serias que vayan a remediar el sufrimiento y la miseria. Venezuela necesita recrear radicalmente la política con dirigentes serios y competentes, cercanos al sufrimiento del pueblo, humildes y creativos, que no se crean los únicos poseedores de la verdad, sino buscadores de ella con los otros diferentes que demuestren verdadero amor a Venezuela y estén dispuestos a sacrificarse por ella.
Para eso, es muy necesaria una autocrítica sincera y despiadada para evaluar lo que no camina, para determinar qué hay que hacer, qué se está haciendo bien, qué se está haciendo mal y qué hay que dejar de hacer para que los logros deseados vayan dejando de ser meras promesas y se conviertan en realidades.
