El borrador de esta nota lo escribo en la tercera hora, de un total de cuatro y media en espera, para ser atendido en la taquilla de un banco y así poder acceder a un poco de efectivo para utilizar el transporte público y la compra de agua. Un valioso tiempo que diluye lentamente de pie, caminando a ratos, conversando de lo sagrado y de lo profano, leyendo y prestando “el Panorama”, sin hidratación y mucho menos sanitarios.
Un testimonio del peregrinar al menos semanal de muchos ciudadanos y ciudadanas en Venezuela, ya que la lejana alternativa supone “comprar el efectivo” y a la fecha, cuando la comisión es generosa no baja del cincuenta por ciento del total.
En estos tiempos de espera el tedio es nuestro compañero habitual y te desarrolla la capacidad de observación. Estas en la primera fila de un desfile de VIP (Very Important Person – Persona muy importante-) que logran hacer sus gestiones de manera expresa, siempre supone uno con malicia, que a cambio de alguna cortesía en especie o en efectivo, bajo la mirada aprobadora de los supervisores y gerentes de agencia.
Una vez al mes el colapso de la situación se acrecienta, pues los adultos mayores en la oportunidad en la cual les corresponde retirar parte de su pensión llegan a pernoctar en los alrededores de las entidades desde el día anterior para poder ser los primeros y no es o sería extraño que les digan “no hay sistema” o “no llegó el efectivo”.
