Otra vez la fragilidad del ser humano está al descubierto. Nuevamente, la supervivencia como especie está en serio riesgo –para no decir en jaque-, el modelo de vida sufre duros cuestionamientos y todo lo que representa nuestro “sistema” cotidiano está siendo profundamente amenazado.
Tristemente, creo que la humanidad se ha tomado muy –pero muy- en serio esas líneas imaginarias que llamamos fronteras, así como también esas estructuras –mitos, tradiciones o relatos- que conocemos como nación, religión, cultura, etc., por lo tanto, a la psiquis humana le cuesta comprender que para poder ganarle a los desafíos que arrinconan la mismísima supervivencia de su especie se necesita cooperación global, es decir, una respuesta coordinada mundialmente sin banderas y sin perder el foco en quién es el enemigo.
Muchas veces irrita ver cómo algunos no se percatan que hemos sobrevivido desde hace más de 2 millones de años gracias al intercambio de información y a la cooperación entre todos. Hemos avanzado rápidamente -en cuanto a la ciencia- en los últimos 300 años debido a que hemos podido confiar en el otro, acercar información y buscar conocimiento en conjunto. Pero ahora no podemos ver que un infectado en La Paz no solo contagiará en sus 4 kilómetros cuadrados, sino que también contagiará en Levante o Milán y tenemos que, necesariamente, responder bajo un esquema unitario.
Quizás, buena parte de este esquema de pensamiento de “mi nación, mi cultura, mi religión o mi sistema político-económico” provenga del individualismo que hemos construido sin equívocos y, como bien explica Yuval Noah Harari en su libro Sapiens: De animales a dioses: “En la actualidad, la mayoría de los habitantes de Occidente creen en el individualismo (…) La casa moderna ideal está dividida en muchas habitaciones pequeñas de modo que cada niño pueda tener un espacio privado, oculto a la vista, que proporcione la máxima autonomía. (…) Quien crezca en un espacio así no puede hacer otra cosa que imaginarse que es “un individuo”, cuyo valor emana de dentro y no de fuera”. No digo que lo sea todo, pero probablemente ese factor ha contribuido.
