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OPINIÓN// «Un presidente humorista», por Jesús Castillo Molleda

En las recientes elecciones realizadas el pasado domingo 6 de septiembre de 2015, en Guatemala, los resultados electorales sorprendieron al dar ganador en la primera vuelta electoral al humorista de la televisión, Jimmy Morales, sin ninguna experiencia política, seguido por el empresario Manuel Baldizón y la exprimera dama Sandra Torres. Guatemala experimentó una renuncia presidencial por serias acusaciones de corrupción. 

La crisis presente en las administraciones presidenciales de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Cuba, Estados Unidos y Venezuela, prenden las alarmas a la clase política tradicional que se encuentra enfrentando el nacimiento de nuevas figuras políticas fuera de los partidos tradicionales, lo que evidencia que un sector de los ciudadanos se está agobiando de tantas mentiras y promesas incumplidas.

En las elecciones presidenciales del 2012, el humorista venezolano “El Conde del Guacharo” experimentó la posibilidad de una carrera electoral, en donde vivenció que no es lo mismo ser humorista que político. Para ver un show de un humorista el espectador debe pagar, para ver el show de un político el político tiene que pagarle al espectador. En Venezuela, el humor político está presente en las redes sociales, programas radiales y de televisión, de todo problema se saca un chiste. El investigador de comportamiento ciudadano, Ricardo Mora, quien utiliza el método científico de focos grupales para sus investigaciones, concluye que el humor en los problemas es un reflejo de una frustración del ciudadano de no encontrar como resolver los problemas y ver como los gobernantes tampoco lo resuelven. 

El acto de gobernar no es un chiste ni debe tomarse como tal, todo lo contrario, es un acto de muchísima responsabilidad, en donde se debe contar con un equipo humano capaz de administrar los recursos de todos los contribuyentes, formular y ejecutar políticas públicas eficientes en salud, educación, seguridad, cultura, deporte, inversiones en infraestructura, promover la producción nacional, apoyar a los emprendedores, el desarrollo de la ciencia y tecnología, mientras que, el humor y los chistes son para entretener y reír. Es muy triste ver cómo los gobiernos no hacen lo suficiente para poder gobernar con eficiencia, muchas veces se burlan de los ciudadanos. 

En tal sentido, la decepción que manifiestan los ciudadanos por la clase política tradicional está dando la oportunidad a una nueva forma de hacer política basada en la propuesta, en la búsqueda de soluciones. Los problemas ya se conocen, lo que se desconoce son las soluciones y en eso debe trabajar la nueva clase política latinoamericana que está naciendo. El humor se usa muchas veces para poder integrar equipos de trabajo, bajar el estrés, disminuir la ira usando técnicas como la riso terapia. Mario Moreno “Cantinflas” expresaba muy bien en sus películas como la clase política mexicana sometía a los electores a promesas asombrosas e imposible de cumplir solo para ganar elecciones, ese estilo esta modelado en toda América por líderes políticos. 

Si en Venezuela tocara elegir un gobierno de humoristas, Benjamín Rasseu (El Conde del Guacharo) sería el presidente; Laureano Márquez, vicepresidente; Luis Chataing, ministro de defensa, Erika de la Vega, ministra de la mujer; Miguel Ángel Landa, ministro de Infraestructura; Emilio Lovera, ministro de Relaciones Exteriores; el Moreno Michael, ministro de Relaciones Interiores; Nelly Pujols, ministra de Cultura; Aquiles Nazoa, ministro de Educación;  Carlos Rafucho Rodríguez, ministro de Deportes; Cayito Aponte, ministro de Finanzas; Wilmer Ramírez, ministro de Comercio; José Rafael Briceño (el profesor), ministro de Trabajo; Graterolacho, ministro de Comunicaciones; Gaetano Ruggiero, ministro de Petróleo; Henry Rodríguez, ministro de Alimentación; el Gallo de Veritas, ministro de la Secretaria de la presidencia; y tantos humoristas talentosos que sin duda podrían ser unos grandes alcaldes, gobernadores, concejales, diputados.  Como lo dijo Darío Fo: “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: El poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”.

 

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