La determinación de cuál es el género predominante numéricamente en la actualidad, es uno de esos temas que no tienen una respuesta unívoca: Pertenecemos al grupo de quienes al ver parejas acompañadas de sus tres o cuatro niñitas, deducimos de inmediato que hay un número muy superior de hembras; en contra de los que sostienen que el predominio de los nacimientos es masculino, a pesar de que les demostremos que los lugares públicos presentan siempre una mayoría de personas del género femenino: en las tiendas; los parques; los conciertos; los medios de transporte; los colegios en sus múltiples niveles hasta la universidad; en los cines; y plazas entre otros lugares.
¿Cuál es la importancia que tendría la posible mayoría numérica? Ante todo al hecho de que ese predominio femenino implicaría un cambio notable de la conformación de los temas fundamentales de la sociedad.
Es cierto que una materia como la planteada exige de un conocimiento psico-sociológico muy especial porque predominio significa entre otras cosas, nada más y nada menos que el dominio del poder. Es así como las sociedades históricamente se han estructurado bajo la hegemonía masculina y con ello sus valores tienen las características propias de ese género y el PODER ha sido la expresión de tales valores que son reconocidos por los hombres.
¿El predominio femenino haría que las cosas cambiasen? Esto es, ¿el poder va a tener los rasgos que caracterizan al género dominante en su forma de pensar y actuar que son: mayor sensibilidad; predominio de la intuición; terquedad en la búsqueda de los fines; cultivo del detalle, incluso por sobre las esencialidades; inclinaciones marcadas hacia determinados gustos, profesiones, oficios y temas; menor inclinación hacia la tecnología y la mecánica y, reducido interés por las materias organizativas?