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OPINIÓN Oscar Morales: Interdependencia mutua

Desde cientos de años el ser humano ha dedicado su vida a organizarse a grandes escalas empresas, gremios o países, pero partiendo de pequeños núcleos, que en la sumatoria final va congregando los comportamientos, acciones y esfuerzos de todos con elevada interdependencia, conformando -para bien o para mal- las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales. 

En la época en la cual la especie humana era esencialmente cazador-recolector, requerían la cooperación de todos para lograr objetivos comunes –sobre todo para la vital supervivencia-, asimismo vivían bajos los dilemas del interés personal y el colectivo. Por ejemplo, al momento de agruparse para cazar la comida del día los integrantes de la tribu se enfrentaban a la disyuntiva de atacar al animal y aportar su esfuerzo al bien colectivo corriendo el riesgo de morir o no actuar en la arremetida, reducir las probabilidades de algún peligro e igual comer si finalmente obtenían la presa los otros. 

Claramente, las personas tropiezan con circunstancias de interdependencia mutua a diario, existen muchas situaciones donde es necesaria actuaciones grupales en las cuales nosotros dependemos de otros y los demás de nosotros. Sin embargo, todavía creemos que los resultados personales no incluyen el quehacer de otros. Nuestros días están inmersos en un flujo social que reúne un conjunto de quehaceres de otros que se convierte en una corriente colectiva del hacer. Desde el periódico que lee en este momento, el teléfono que marca ahora o la computadora en la cual escribo: es el resultado del hacer de otros. 

Debemos aceptar que el país actualmente necesita la disposición cooperativa de todos los sectores, requiere la convocatoria de empeños saludables que sumen más afectos que recriminaciones, precisa de rellenar los vacíos de liderazgos en todas las instancias, urge las apariciones de propuestas convergentes, demanda la búsqueda racional del bien común,  necesitamos escucharnos sin límites suspendiendo los juicios y definitivamente suprimir las conductas disruptivas que amenazan los trabajos de orden y progreso social. 

Los miembros del Poder Ejecutivo deben reconocer que aún en los tiempos en que fuimos cazadores-recolectores se necesitaba las contribuciones en conjunto, y por estos días sería mucho más imperioso dado que estamos en pleno siglo donde somos una ‘aldea global’ y no hay espacios para el aislamiento, pues, significaría retrocesos que pagarían muy caro los ciudadanos de los países que pretendan alejarse o excluirse del proceso de globalización. ¿De qué costos estamos hablando?

Por referirnos a uno sólo les cuento que según el FMI, la economía nacional volverá a caer y viviremos unas de las mayores contracciones económicas que haya vivido una nación desde la II Guerra Mundial. Simplemente, esto en otras palabras se traduce en el empeoramiento de las cifras de producción de bienes y servicios, reducción del empleo, caída del consumo y el declive de la calidad de vida. En síntesis, a todas luces y con cualquier anteojo se lee: desgracia y calamidad.

Provoquemos una tormenta de ideas, démosle el mejor lugar a las proposiciones e incitemos a la ponderación y el buen juicio,  porque lamentablemente no hay propuestas fáciles a problemas complejos.

 

Oscar Morales

Articulista  

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