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OPINIÓN// «Devaluación, según el cristal colombiano», por Miguel Pérez Abad

De entrada, aclaro, que así como cada cabeza es un mundo, podría aplicarse lo propio a cada país. No obstante, hay interpretaciones y reacciones que se dan en otras naciones que pueden servir de referencia para enriquecer nuestra visión sobre algunos temas.

Este es el caso de la devaluación del peso colombiano frente al dólar, un hecho que por lo general en Venezuela es interpretado como catastrófico por la opinión pública, mientras que en el vecino país los industriales y empresarios lo catalogan como positivo.

“Colombia lleva años deseando una tasa de cambio más alta, un dólar más costoso, que nos diera más competitividad”, expresó con naturalidad absoluta el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), Bruce Mc Master de la nación neogranadina, durante una reciente entrevista con CNN en español. Agregó que “el sector privado también tiene que ampliar sus mercados, pues este es el momento de los bienes no tradicionales”.

Por su parte, la conocida revista Semana, titula un reportaje sobre este tema de la siguiente manera: “Las esperanzas por la devaluación del peso”, el cual habla por si solo. Más adelante la publicación indica: “Esto tiene felices a los exportadores, pues siempre se ha dicho que la tasa de cambio es una variable estratégica para mejorar la competitividad y aumentar la rentabilidad de las empresas y del sector agropecuario. Hace rato esperaban este momento, pues por culpa de la revaluación (el dólar llegó a estar por debajo de 1.800 pesos) habían vivido un vía crucis”.

En la enseñanza de las ciencias no exactas (y la economía es una de ellas) siempre se ha recomendado a los docentes concluir con un “nunca digas siempre, nunca digas nunca”. Y al final otros suelen rematar con un: “Nada está escrito sobre piedra”. Es obvio que hay múltiples factores adicionales que inciden en un proceso de incremento de las exportaciones no tradicionales. En lo personal creo que quizás no sea el único factor determinante, pero con un tipo de cambio excesivamente sobrevaluado no creo que algún país pueda exportar bienes terminados y con alto valor agregado hacia otros mercados.

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