Leopoldo Puchi /Exsecretario General del MAS /[email protected]
Las condiciones de vida de los venezolanos se ven afectadas por varias razones. Es obvio que el descenso del precio del petróleo pega en el bolsillo y en el estómago. Pero también hay otros elementos que inciden de manera decisiva. Entre ellos destaca la inmensa fuga de divisas que ha tenido lugar por medio de mecanismos sinuosos que han permitido que una importante suma las divisas asignadas o adquiridas por el sector privado hayan sido utilizadas en capitalizaciones en el exterior en lugar de ser empleadas para para traer mercancías o insumos y bienes intermedios para la producción nacional.
Francisco Rodríguez, del Bank of America, calcula que a lo largo de los últimos treinta años los empresarios venezolanos han fugado cuatrocientos mil millones de dólares que se encuentran depositados en cuentas en el extranjero. Tanto el descenso de los precios del petróleo como la fuga de divisas y la guerra económica afectan las políticas de redistribución de la riqueza, porque hay menos que repartir y menos para la producción. Al mismo tiempo se han agotado las políticas macroeconómicas, como el control de cambio, que facilitaban esa distribución al mantener bajos los precios al consumidor. Ya es un mecanismo que no funciona y, al contrario de lo que se buscaba, estamos en presencia de un gran descontrol, como el de la escasez y el bachaqueo, que perjudica a los sectores de menos recursos.
Está claro que no depende del Gobierno aumentar los precios del petróleo; tampoco puede regresar las divisas fugadas. Pero lo que sí puede hacer es diseñar nuevas políticas económicas, lo que llevaría a tomar decisiones que simultáneamente tengan en cuenta la redistribución de la riqueza, la necesidad de superar el rentismo y la estabilidad de los valores macroeconómicos.