Por estos tiempos no hay mucho ánimo —ni fuerza monetaria— para pedir bienes materiales. Por esta razón, quisiera desempolvar un deseo que todos los días cobra más vigencia. Este artículo se publicó a principios del 2015, cuando el Banco Central empezaba a omitir la publicación de sus estadísticas básicas. Actualmente, se ha profundizado esa disposición negativa de silencio absoluto. Mi deseo de Navidad lo contiene este escrito:
En términos generales, el Banco Central persigue como objetivo fundamental lograr la estabilidad de precios y proteger el valor de la moneda. Con miras a materializar este propósito, la comunicación de la autoridad monetaria es una herramienta útil e irremplazable. Por ello, los términos de “comprensión”, “credibilidad” y “confianza” en las actuaciones del órgano rector, son elementales y exige que los mensajes sean expresados de tal manera que generen señales objetivas, ecuánimes y creíbles.
Básicamente, la comunicación de los bancos centrales están orientadas a clarificar la operación de la política monetaria, debido a que tiene implicancia directa en las decisiones de gasto, ahorro, empleo, inversión y fijación de precios de los agentes económicos, lo cual significa que declaraciones revestidas con mayores niveles de transparencia, permiten que las guías de ejecución sean más efectiva, produciendo esta conducta muestras de credibilidad que reduzca el grado de incertidumbre y malformaciones de expectativas en la economía. Por lo tanto, la transparencia apunta a la eficacia de la política monetaria, y esta a su vez, es imprescindible para alcanzar las metas que se propongan transmitir a los mercados.
Es necesario realizar comparaciones internacionales para conocer las prácticas comunicacionales adecuadas y ejemplarizantes de otros países, extrayendo de este modo lecciones que contribuyan a proyectar actuaciones orientadas al logro de un mejor posicionamiento de nuestro país en esta materia.
