Opinión

Me sobra mucho mes al final de sueldo

El BCV informó que la inflación en 2014 llegó a 68,5%, mayor al 56,3% registrado en 2013. Según el INE, la canasta alimentaria se ubicó en Bs. 6.382 mientras que el salario mínimo está en Bs. 5.622, inferior a la canasta alimentaria. Pero  según la Encuesta de Hogares, en cada familia hay dos personas perceptoras de salario mínimo, lo que representa un ingreso en torno a Bs. 12.000 mensuales y alcanzaría para cubrir la canasta alimentaria. Sin embargo, para el Cendas, el precio de la canasta básica llegó a Bs. 31.843,33 en enero y se requieren 6,5 salarios mínimos; mientras que solo para la canasta alimentaria —que calculan en Bs. 18.342—, se necesitan más de tres salarios mínimos.

En América Latina, los países con mayor salario mínimo son Argentina y Panamá, con 548 dólares y $ 435 respectivamente. Mientras los más bajos los tienen Perú y Bolivia, con $ 281 y $ 121, respectivamente. ¿A cuánto equivale el salario mínimos de Venezuela en dólares? Si Bs. 5.622 se convierten a la tasa Cencoex, el salario mínimo llega a $ 892, pero si se calcula a la tasa Sicad éste se reduce a $ 468. Y si el cálculo es con la nueva tasa Simadi, el salario mínimo apenas llega a $ 33. ¿Cuál de estas estadísticas retrata con más fidelidad la realidad de los hogares venezolanos? Más allá de los debates sobre las metodologías para calcular el salario mínimo y la canasta alimentaria, lo cierto es que cada vez el salario real rinde menos y no alcanza para pagar todas las cuentas. A las familias que viven de un ingreso fijo todavía les sobra mucho mes cuando se les acaba el sueldo.   

Los gremios empresariales suelen oponerse al aumento del salario mínimo argumentando que tendrá un impacto negativo en las estructuras de costos. Pero el salario no es solo un costo de producción más. El aumento de los sueldos es lo que puede reactivar la economía, siempre y cuando no sean trasladados de inmediato a los precios. Los trabajadores reclaman aumentos para compensar el poder adquisitivo perdido por la inflación, pero el factor capital registra tales aumentos como un incremento en los costos y, para no afectar su margen de ganancias, inmediatamente los traslada al precio. 

Los trabajadores en cambio tienen que esperar hasta que se decrete un aumento salarial o se concrete la nueva contratación colectiva. Al ser mayor la inflación que el aumento de sueldos, se produce una transferencia neta de recursos desde los trabajadores que viven de un sueldo fijo hacia el factor capital que ajusta con rapidez la mayoría de los precios. En efecto, el factor trabajo reacciona con retraso y cuando por fin logra una compensación, ya ha transferido buena parte de su ingreso a los factores que dominan los precios. 

El Gobierno intenta proteger los salarios a través del control de precios, pero lo hace de una manera tan rígida que termina castigando la producción. En Venezuela, el 70% del PIB lo produce el sector privado, el cual necesita asegurar su sostenibilidad económica y financiera. Si se controla el PVP pero se mantienen liberados los precios de las materias primas, insumos, maquinarias, etc., los crecientes costos de producción superan el precio controlado y, como nadie produce para perder, se desestimula la producción. Y, al no poder importar, se agrava la escasez, el acaparamiento y la especulación.

La pugna por la distribución del ingreso entre trabajo y capital se expresa en el intercambio de sueldos por inflación. En dependencia de cuál aumento sea mayor estaremos en presencia de una distribución progresiva o regresiva del ingreso. Cuando se castigan los sueldos se castiga también la actividad económica. Al caer la capacidad de compra, el factor capital disminuye el nivel de producción y reduce las nóminas, con lo cual erosiona aún más la demanda y agrava la recesión. 

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