Una lectura a la realidad económica de la nación nos da cuenta de lo compleja y difícil que está la situación. El estado de ingobernabilidad es severo y el descontento de la población crece exponencial al paso perverso de la hiperinflación. Quienes gobiernan no muestran capacidad oportuna para dar repuesta a los ciudadanos y la demanda de estos se diluye entre la carencia de equipos, experticia y recursos. Es la repuesta de un aparato burocrático montado principalmente para mantenerse en el poder. ¡La mantenencia es su consigna! A costa incluso del martirio de la desconcertada población. Quien carga con el sacrificio a sus espaldas… resignada y perturbada. Puesta siempre su pensamiento en la esperanza que algún día se resolverán los problemas. Piensan que alguien pondrá coto a esta tragedia griega de la cual no tienen la culpa ni siquiera sus antepasados. Sienten que es un karma budista o una maldición china milenaria. O son las siete plagas de Egipto. En fin, muchos creen que es un castigo del más allá. Y que la intervención de otros superará el drama que hoy vive.
Una terrible dicotomía entre el discurso de gobierno que apunta a beneficiar a la clase D y E y sus escalofriantes efectos y resultados. Alrededor del 75% de la población es hoy más pobre de lo que era hace 20 años. Aquí están los barrios marginales, los asalariados, empleados, trabajadores, educadores, jubilados-pensionados y la economía informal. Los buhoneros y los mendigos. Salario mínimo 1800 bolívares mensuales. O sea, casi 7$. Quienes estoicamente aguantan el inhumano chaparrón de daños, penurias y calamidades. No escampa, y cada vez llueve más fuerte. El aguacero se ha convertido en tempestad y la gente corre a refugiarse en la migración de hijos y familiares, reduce alimentos, disminuye los medicamentos y muchos solo hacen una o dos comidas. De la clase media solo queda la alta que junto a la clase “A” vive de los negocios de compra y venta, la comercialización de divisas y de sus rentas, bienes y ganancias bancarías. Industriales y comerciantes de alimentos, medicinas, los banqueros y los importadores en general.
Me comentaba hace días un comerciante amigo “la cosa esta difícil pero estoy ganado buen dinero. Trabajo más… pero no me puedo quejar”. Importa aceites, cauchos y repuestos. Como se conoce el comerciante venezolano es vivo, trabajador y supera riesgos. ¡Sabe de su negocio! Los que están pasando las de Caín son los propietarios de negocios de calzados, vestidos, regalos, joyerías, librerías, bisuterías, telas, pinturas y cosméticos. Los constructores, productores del campo, la cadena cárnica y otros. ¿Cómo voltear esta situación hiperinflacionaria que reduce el consumo y polvoriza el bolívar sin compasión ni disimulo? Una población asalariada que usa sus aguinaldos y utilidades de fin de año para completar los costos de la comida y la medicina. A ojo de buen cubero, un 20% de la población mantiene la economía de la nación. Ellos son los que llenan los restaurantes, hacen fiestas, venden y compran vehículos, asisten a los clubes y siguen un ritmo de consumo tradicional. ¿Les ha pegado la crisis? ¡Claro que sí! pero sus recursos y negocios les hacen aguantar esta honda crisis económica.
Por otro lado, el gobierno no tiene control sobre la economía. No obstante, el modelo lo proclama. Cuya dinámica y comportamiento funciona a ritmo de la iniciativa y acciones del sector productivo. Posee un aparato burocrático donde reina la corrupción, la malversación de recursos y la desidia. La matraca, el bájate de la mula y la mordida prevalecen sobre las metas oficiales. Actitud corrupta y bandolera de militares y empleados públicos que derogan los efectos de la fiscalización e inspección. ¡Anulan las funciones de la SUNDDE! Además, los ciudadanos carecen de una cultura del consumo consciente que reclame, proteste y provoque la no compra colectiva de un determinado producto; tal como lo hacen en los Estados Unidos. Esta realidad, obliga al gobierno a concretar un pacto de dando y dando con el sector productivo. Si quiere bajar la hiperinflación y acabar con esta dislocada economía.
