Incluyo a todas y todos los que ejercen el arte de educar; son forjadores de la personalidad, de la identidad de clase, de la identidad nacional…
Maestro, el que tiene la experticia, el que enseña, el principal en un oficio, el grado mayor en filosofía, el que tiene méritos relevantes; son algunas de las definiciones de esa hermosa palabra. Sin duda, es un mérito relevante acompañar en su proceso educativo a los niños, niñas y jóvenes de nuestra Patria, eso hace a las mujeres y a los hombres que ejercen la docencia, sujetos protagónicos de la sociedad.
Ellas y ellos no solo enseñan, ellas y ellos también son madres y padres de nuestros hijos e hijas. Infinidad de veces las y los hemos visto consolar el llanto de un niño, de una niña, compartir el pan con un estudiante, hacerse amiga o amigo del joven para encauzar su rebeldía hacia lo grande, hacia lo hermoso, como decía nuestro Padre Bolívar.
Maestras y maestros, en este hermoso concepto incluyo a todas y todos los que ejercen el arte de educar; son forjadores de la personalidad, de la identidad de clase, de la identidad nacional, del espíritu humanista de generaciones enteras. No solo depende de ellas y ellos, pero en lo esencial nosotros somos hechura de la madre, el padre, la maestra o el maestro que tuvimos o no tuvimos.
