Hay un problema en la oposición que tiene que ver con el manejo de las expectativas. Si chequeamos la historia, conseguimos que las fuerzas opositoras que enfrentaron a Chávez consideraron que era conveniente construir la matriz de opinión de que eran mayoritarios frente a un chavismo que sólo permanecía en el poder por su control institucional, el fraude, la trampa y su fuerza bruta. La evidencia indica que no era cierto. Entiendo que un candidato en campaña no va a salir al ruedo diciendo que va a perder. Pero haber construido la matriz de que la oposición era mayoría, sin serlo, funcionaba como motivador previo para mantener la esperanza, pero luego se convertía en una bomba de frustración.
El balance de fuerzas cambió después de la muerte de Chávez. Maduro fulminó parte de su herencia en un mes de campaña. Los resultados mostraron un país dividido y luego de varios años de crisis severa, los resultados parlamentarios muestran la reversión del apoyo popular y el soporte mayoritario a la oposición. Eso es un salto cuántico. Una oportunidad de oro para las fuerzas del cambio y permite predecir que más tarde o más temprano llegarán al poder. El tema es que estos procesos no tienen por que ser tan cortos.
Así como en la época donde era minoría, la oposición sentía la necesidad de hacer creer que era mayoría, ahora que sí lo es, parece necesitar decir que el cambio es ya, construyendo una sobre expectativa que definirá la evaluación que de ella hará la gente después.
La realidad es que ser mayoría significa que la oposición es la fuerza favorita para ganar las elecciones que vienen, pero no que podrá enmendar la Constitución sin que la pare el TSJ. No quiere decir que va a lograr una renuncia voluntaria del Presidente, como Emparan, y tampoco que una renuncia presionada por la Construcción de inestabilidad interna y conflictos inducidos sea posible o termine en manos de quien la promueve.
