Las marchas convocadas por los “líderes” de la oposición se han revertido contra esos “liderazgos”.
El Este de Caracas ha devenido hostil para los que hicieron de esa parte de la ciudad su “zona de confort”. Los espacios que algunos chavistas denominan “territorio apache”, están dando pociones de su propia medicina a quienes inocularon allí la disociación sicótica. Cuán difícil es revertir a un fanático.
El urgente “vete ya” de hace 14 años, se le volvió a suministrar a la militancia antichavista con otras etiquetas farmacéuticas: referéndum, enmienda, abandono del cargo y demás “salidas”. Se impusieron plazos terminantes, como las fechas de vencimiento que traen los jarabes: seis meses o en el peor de los casos, este año. Como una vieja canción de Lila Morillo, “para cumplir mi condena solo me quedan dos meses”. Menos.
Todos los dirigentes de la MUD que tomaron un micrófono en la autopista del Este, fueron insultados. Ramos Allup, Torrealba, Capriles, Guevara y otros tribunos padecieron el abucheo de los sin tribuna. El espectáculo, más que alegrar, es harto peligroso. Una masa irritada pero sin líderes es pasto fácil del fascismo. ¡Ay, Chile!
Existe una grande y dolorosa diferencia entre la rechifla del enemigo y la de tu propia gente. La primera estimula, incita, despierta, provoca, reta. La segunda, la del bando propio, desconcierta, hiere, deprime, anula e idiotiza. Busquen los videos y descifren –si pueden- la cara de Guevara, Capriles, Torrealba o Ramos Allup después del estruendoso rechazo. Esas masas no aceptaban ningún tipo de “explicaciones” o “razonamientos”. Sus propios “líderes” las volvieron inmediatista, cortoplacistas y ahora exigen salidas perentorias, ¡ya!, sin alcaparras ni hojas de plátano.
