El reciente dialogo cupular que tuvo lugar en Barbados, se ha desarrollado en un marco político de desgaste de la polarización, aunado a un clima emocional de incredulidad, deslegitimación desesperanza y frustración.
El momento político engendra una larga lista de dudas e interrogantes. ¿Quién o quienes capitalizarán tal desgaste? ¿Están dadas las condiciones para un ensanchamiento del centro político? ¿Cuál será el futuro del diálogo? ¿Se impondrá la violencia como salida a la crisis? ¿Se podrá incidir desde la sociedad en los procesos de dialogo?
De la observación ciudadana expectante, se pasa a una etapa de profunda reflexión por la resolución política de los conflictos y de preocupación por la preservación de la paz, en un contexto democrático. La sociedad, principal víctima del conflicto político y de la crisis multidimensional, quiere influir en la orientación, en el contenido de los acuerdos y hasta en los términos de la negociación. Así, desde las bases sociales se despierta el interés por destrabar e incidir en la dinámica del diálogo.
Desde las entrañas de la sociedad, emerge la necesidad de un diálogo “social” por oposición a un dialogo “cupular” entre actores políticos, que necesariamente no representan a “los de abajo”.
