Opinión

Los de abajo

El reciente dialogo cupular que tuvo lugar en Barbados, se ha desarrollado en un marco político de desgaste de la polarización, aunado a un   clima emocional de incredulidad, deslegitimación desesperanza  y frustración.

El momento político engendra una larga lista   de dudas e interrogantes.  ¿Quién o quienes capitalizarán tal desgaste? ¿Están dadas las condiciones para un ensanchamiento del centro político? ¿Cuál será el futuro del diálogo? ¿Se impondrá la violencia como salida a la crisis? ¿Se podrá incidir desde la sociedad en los procesos de dialogo?

De la observación ciudadana expectante, se pasa a una etapa de profunda reflexión por la resolución política de los conflictos y de  preocupación por la preservación de la paz, en un contexto democrático. La sociedad, principal víctima del conflicto político y de la crisis multidimensional, quiere influir en la orientación, en el contenido de los acuerdos  y hasta en los términos de la negociación.  Así, desde las bases sociales se despierta el interés por destrabar e incidir en la dinámica del diálogo.

Desde las entrañas de la  sociedad, emerge la necesidad de un diálogo “social” por oposición a un dialogo “cupular” entre actores políticos, que necesariamente no representan a “los de abajo”. 

Conscientes de que el dialogo no se decreta, toma cuerpo en la ciudadanía  la necesidad de asumir desde abajo el proceso con miras a  reconstruir la convivencia, reconocimiento del otro y lograr la paz. Construir desde el ámbito ciudadano una suerte de red dialogante, que sistematice la necesidad de dialogar y además  rescate el protagonismo popular. Desde un espacio ciudadano que denominamos  “microdiálogo”, brota entonces un reto en cuanto a la  apropiación, reconducción y redemocratización del dialogo. 

Expropiado por la ciudadanía el diálogo impuesto desde arriba, se fortalece una suerte de ámbito    local despolarizante abierto a nuevos actores,  desde donde se podrán   administrar disensos y dirimir conflictos.  Constituidos en foro del diálogo, la energía se dirigiría a promover un proceso de amplia participación social. Se rescataría el reencuentro y el reconocimiento;   la solidaridad,  el  respeto a las diferencias y la convivencia.

En resumen, se fortalecería la democracia participativa, protagónica y dialogante.

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