La Asamblea Nacional reincide en su rodada. Después del revolcón del pobre Almagro en la OEA, la fracción de la MUD insiste en sepultarse con su consentido secretario. En la plenaria del martes, la mayoría circunstancial aprobó otro acuerdo para que el tipo insista —y dale— en aplicar la Carta Interamericana. Fue como sacar un naipe marcado y conocido. Nadie lo podía creer. Otra vez Florido sorprendía a un Ramos desflorecido.
Ese día, los oradores pro-Almagro marchitaron sus discursos intentando demostrar —y convencerse— que Venezuela había sido la “derrotada” en la OEA y la MUD la “ganadora”. Ocurre que allí se aprobó respaldar a los ex presidentes Rodríguez Zapatero, Fernández y Torrijos, propuestos por Maduro, así como la gestión de la Unasur, impulsada por nuestro país. El informe de Almagro, quien hizo mutis por el foro, ni se mencionó, para mayor pena impropia. Mucho menos el referéndum. Se subrayó el respeto a la soberanía y a la solución venezolana de nuestros problemas.
En medio de esa paliza, la MUD se declara “victoriosa”. De allí el título paradójico de esta crónica, una paráfrasis de la novela Los alegres desahuciados, del narrador Andrés Mariño Palacio, quien se marchó demasiado temprano y “ligero de equipaje”. Es hasta humano que tú digas que ganaste cuando perdiste, pero que apuestes a la misma carta -la del magullado Almagro- es ya “un caso freudiano”, como diría una compulsiva comedora de pizza.
Los alegres derrotados celebran extrañamente su “victoria” arremetiendo contra Almagro y Macri, el Capitán Araña que propondría la carta y se privó a última hora. Ramos Allup lo apodó “Micro” y a su canciller, Malcorro, la acuso de “correr mal”, en irritados retruécanos o jueguitos de palabras.
