La vida misma nos obliga al optimismo, al agradecimiento a Dios y nos llama al trabajo para consolidar la creación, con respeto a la naturaleza y beneficio para todos. Que ganemos para Venezuela la puntuación máxima de 20 sobre 20 en cada actividad que realicemos en nuestras familias y en nuestros trabajos, sean estos públicos o privados.
A quienes estamos en tareas públicas en el servicio diáfano y de entrega con efectos reales, sensibles de eficiencia y eficacia para los demás, debemos hacer funcionar bien estos servicios para el colectivo y con ello la garantía de su prestación acorde a las necesidades de los ciudadanos.
A los agricultores y productores del campo, con la ayuda oportuna de las instituciones del Estado, producir más y mejor para lograr ser soberanos en alimentos. A los industriales produciendo con ánimo de exportar y de cubrir la demanda del consumo interno, superando definitivamente los viejos artificios de resolver toda la aparente producción con el manejo del ingreso petrolero.
Año de la eficiencia obligada para nuestro quehacer público. Urge producir para transformar, para generar riqueza con sentido de justicia social. Emprender la marcha que nos permita levantar las posibilidades inmensas de nuestra tierra y articular respuestas ante las penurias que enfrenta el pueblo valiente, pueblo que va a juzgarnos en elecciones para constituir el poder fundamental que legisla, controla y da fortaleza al Estado, mas allá de las agresiones imperialistas a las que se ha sometido a Venezuela.
