Víctor Corcoba / Herrero y escritor /
Pretender uniformarnos es huir de la propia vida. Florecería la muerte. Nuestra existencia por sí misma, aparte de ser única e irrepetible, requiere de atmósferas armónicas, pero diferentes unas de otras, con su alma específica, siempre deseosa de vivir esa variedad en la que cada cual puede aportar, cuando menos su pulso, algo que hemos de hacer cada despertar. ¿Qué son los días, sino momentos fascinantes para crecernos; recreándonos en lo que recibimos y aportamos al orbe? De ahí, que todas las culturas sean precisas, por lo que su destrucción es un crimen en toda regla. Como quiera que este mes de mayo, concretamente el día 21, cuando se conmemoró el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, yo quisiera propiciar una llamada a la reflexión, desde el respeto más absoluto. Qué bueno sería fomentar y que fermente un nuevo impulso de entendimiento.
Hoy más que nunca, el mundo necesita hallarse humanamente de manera fraterna. Tome fuerza la comprensión de los pueblos entre sí. Que ninguna población quede excluida. Por desgracia, vegetar en contradicción con nuestro propio raciocinio es el estado más insoportable. Solemos hablar mucho, pero dialogamos poco. Decimos también innovar bastante, pero apenas participamos nada.
Ese vinculo humanitario, inherente e innato entre la multiplicidad cultural y los derechos humanos, ha de hacerse realidad en todo momento y lugar. El enemigo del hombre no puede seguir siendo el hombre mismo, intentando destruir en vez de construir, inventándose contiendas en lugar de reinventar sosiegos, con su libertad de espíritu y creatividad infinita, haciendo otro mundo más conciliado. Nadie sobra en ese hermanamiento de cultos a la cultura más universal. No podemos degradar a ningún ser humano, pero también tenemos que dignificar nuestra propia casa. Sin duda, necesitamos una fraternización universal, cada uno desde su cultura, pero con el horizonte en una donación solidaria efectiva.
