Gilberto Hidalgo – Comisario
[email protected]
Quizás pareciera estar ante una exposición infantil, pero que no tiene otra carga más que reflexionar sobre esos comportamientos o aptitudes que asumimos los adultos al estilo zapateado, pregonamos cada día falta de conciencia, de ética, de moral, de profesionalismo, de manera tan fría que parecieran congelarse las palabras a su salida de la cavidad bucal, por lo insensible y parafernalita.
Cuando nos trazamos un objetivo, lo ideal estaría en concentrar el esfuerzo en mantenerse en total equilibrio Sico-emocional, diría que hasta con una altísima dosis de humildad, porque lo contrario lo vemos casi a diario, en el hogar, en nuestro sitio de trabajo, en la comunidad, en todo nuestro entorno; yo quiero esto o aquello y si no se me da afloran convulsiones.
Algunas aristas que permitirán lograr las metas que te plantees, tales como la auto motivación, compromiso, adaptación y flexibilidad, organización y autocontrol emocional, que viene atado a tus capacidades y destrezas para desarrollar las metas planteadas por ese yo que a falta de estas condiciones obedece a aptitudes malcriadas e infantiles, cabria analizar cuan ha invadido este comportamiento y cuáles son esos elementos desgeneradores que han minado la conciencia profesional e, inclusive, en las instituciones jerarquizadas poder apreciar como se pretende optar a cargos o rangos superiores sin haber cumplido con los elementos de ley para ello, valiéndose de artificios por familiarísimo, amiguismo o complacencias políticas, aquello llamado tráfico de influencia que generan una serie de consecuencia en las estructuras operativas o funcionales de cualquier institución, por privar los criterios personalistas y el no cumplimiento de los postulados y protocolos científicamente diseñados para tal fin.
Hablamos muchos de las pérdidas de valores, de las generaciones descompuestas y quizás sea esta una de sus manifestaciones, pero se hace necesario y urgente que prive la madurez en la relaciones entre adultos, el respeto por las instituciones y desechar por siempre los infantilismos.