Opinión

Lea en Opinión: La conquista del yo

Alfonso Hernández Ortiz – Consultor Gerencial

[email protected] / @AlfonsoZulia

 

La oportunidad que nos brinda la vida no puede ser desaprovechada encarcelándola con pensamientos y acciones que limitan nuestra propia libertad. Vivimos responsablemente cuando comenzamos a tomar consciencia de los efectos y consecuencias de nuestras decisiones y emprendemos el reto de conquistar el yo, es allí cuando nace el deseo de buscar lo mejor de nosotros mismos, reconociendo nuestras fortalezas y debilidades, y potenciando nuestra aspiración de convertirnos en arquitectos de nuestro propio destino.

Durante varios años hemos venido dictando  los talleres “Diseñando mi ruta de vida y visión de futuro en tiempos de cambios”, ofreciendo herramientas a los participantes para desarrollar su potencial y reconocer la libertad que tienen para crear el autorretrato de su vida, delineando a través de seguidas pinceladas ese yo que quieren ser, sin temor a descubrir los obstáculos que los detienen, asumiendo el valor de conocerse, aceptarse y describirse tal como son, sin necesidad de aparentar un yo inventado. El objetivo es que puedan conquistar la esencia de su propio ser, desarrollar lo auténtico, lo grandioso de ser únicos, aprovechando su propio potencial y autoconocimiento para “conquistar el yo”,  e iniciar el diseño de sus rutas de vida.

El auto conocimiento supone siempre un trabajo de orfebre, somos la joya más preciada y el valor lo colocamos nosotros, por lo tanto nos tallamos a la forma y la manera que deseamos mostrarnos, con el brillo y los detalles que decidamos ofrecer. El tallado nunca terminará de realizarse, en la medida que nos conozcamos más, sacaremos mejor precisión de nuestra personalidad, dirigiendo nuestra mayor obra de arte “nuestra vida”. Y es allí cuando nos auto cuestionamos, hacemos una introspección y sacamos a relucir lo que nos detiene y nos priva de la libertad personal, buscamos respuestas a nuestras interrogantes, y reflexionamos a profundidad sobre el pasado, presente y futuro, rompiendo las cadenas que nos han estancado en el tiempo y construyendo el futuro que anhelamos.

También podemos preguntar o pedir consejos, pero al final nuestra vida debe ser fruto de nuestras decisiones personales, todo lo discrepada que se quiera, pero la última palabra la debemos dar nosotros. Y ésa última palabra debe ser pensada con la seriedad que se merece. Jan Moller,  en su obra “El éxito es ser uno mismo”, reflexiona: “Vivir nuestra vida sin conocer su verdadero propósito es como tratar de llegar a un lugar desconocido sin utilizar un mapa: nos perdemos. Por nuestra autoignorancia, y sin darnos cuenta, nuestras acciones y decisiones no son guiadas por la sabiduría de nuestro ser interior, sino están fuertemente influenciadas por la programación o condicionamiento que recibimos cuando éramos niños, lo cual es inconsciente y limita nuestra capacidad para vivir una vida plena”. 

La vida precisa de un norte, de un itinerario, de un argumento, de una ruta de vida hacia la libertad. La vida no puede limitarse a una simple sucesión fragmentaria de días sin dirección y sin sentido. Necesitamos saber para qué vivimos. La vida es caernos y levantarnos, conocernos cada vez mejor y así encontrar sentido a nuestra razón de ser en este viaje que hemos emprendido desde el día que nacimos, la ruta la diseñamos nosotros mismos, la velocidad en el camino la moderamos con nuestras decisiones, las oportunidades están para dejarlas pasar o ser aprovechadas, y los proyectos y metas comienzan a materializarse cuando damos el primer paso con fe, voluntad, esperanza, pasión y constancia desde el inicio del trayecto propuesto, somos los responsable de nuestro presente, y estamos llamados a diseñar nuestro propio futuro.

Finalmente, el primer paso antes de diseñar nuestra ruta de vida, será conectarnos con ese yo, investigar internamente qué queremos, qué nos mueve, qué deseamos, cuáles son nuestros sueños, expectativas, metas, objetivos, deseos, ir diseñando lo que siempre hemos querido ser, dejando a un lado los paradigmas, dogmas, temores o cualquier otra trampa cultural que nos haya atrapado en nuestro proceso de crecimiento. Lo importante es conocernos, aceptarnos, en palabras de Platón, “conquistar nuestra primera y mejor victoria, conquistar el yo”, para lograr con libertad transitar la ruta de vida que hemos diseñado.

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